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Ecosocialismo o barbarie
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Global Research, mayo 11, 2017

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Hace 101 años, en plena Guerra Mundial, Rosa Luxemburg escribió un texto con el titulo Socialismo o Barbarie, haciendo alusión a una frase de Friedrich Engels: «La sociedad burguesa se encuentra ante un dilema: o avance hacia el socialismo o recaída en la barbarie.»

La crisis a la cual nos ha llevado el capitalismo tiene alcances civilizatorios y a pesar del silencio de los poderes económicos, de comunicación y gubernamentales existen hechos que dejan entrever la crudeza de la realidad.

El mundo está sacudido por una creciente cantidad de conflictos (bélicos, económicos, políticos y sociales), forzando personas a abandonar su lugar y formas de vida. En 2015, la Agencia de Refugiados de la ONU contó más de 65 millones de personas desplazadas a nivel mundial, cifra nunca antes alcanzada en la historia de la humanidad (UNHCR 2016).  Al mismo tiempo, los países centrales cierran sus fronteras y desconocen su responsabilidad en dichos conflictos.

Sólo desde 2014, la “fortaleza” europea ha costado la vida de más de 13 000 personas intentando atravesar el mar Mediterráneo (International Organization for Migration 2016).

Nada indica que el nivel de conflictividad bajará pronto, con gastos armamentísticos que en 2016 llegaron a 1.69 billones de dólares (2.2% del producto bruto global), siendo Estados Unidos el responsable de cerca del 40% de ese total (SIPRI 2017). Así las cosas, queda claro que el conflicto armado y el capitalismo van de la mano.

Al mismo tiempo, la crisis ecológica se está agravando. Son cotidianas las noticias sobre catástrofes climáticas y ambientales, consecuencia de los monocultivos, la deforestación, la megaminería, la producción de gas y petróleo con técnicas como la fractura hidráulica (fracking), entre otras cosas.

En 2016, por tercera vez consecutiva, se batió el récord del año más caliente desde 1880 (comienzo de la medición) (NASA 2017).

El uso excesivo de los recursos naturales para mantener la maquinaria productiva del capitalismo, lleva al agotamiento de los mismos. Eso demuestra de forma clara el Día de la Deuda Ecológica, fecha que indica cuando hemos usado todos los recursos disponibles del año si no queremos exceder los límites del planeta. En 1971, primer año de medición, los recursos aún alcanzaron hasta el 21 de diciembre; en 2016 ya se habían agotado el 3 de agosto (Earth Overshoot Day 2016). Es la lógica del capitalismo de un crecimiento sin fin, de poder engañar a los límites naturales del planeta con nuevas tecnologías ‘verdes’, que nos mantiene atrapados en un círculo vicioso de una búsqueda desesperada por un supuesto progreso.

Todos los ámbitos de la vida están subsumidos a la necesidad de la reproducción del capital. La mercantilización no tiene límites e incluye hasta el aire y el agua. En su búsqueda por crecientes ganancias, los poseedores del capital necesitan bajar los costos de producción sin importar las consecuencias.

Esto ha llevado a una gran tecnificación del proceso productivo, implicando el aumento de desempleo por un lado y la proliferación de la precarización laboral por el otro. Según informa la Organización Internacional de Trabajo, hoy en día el 42% de la población activa en el mundo (1,4 mil millones de personas) son trabajadores/as precarizados/as, con todo lo que significa para los niveles de pobreza y hambre (OIT 2016).

Ante este panorama, el ecosocialismo propone un camino radical, rompiendo con las barreras imaginarias impuestas por los defensores del sistema que desde hace décadas repiten el mismo dogma, que «no hay alternativa».

Formando parte de la escuela marxista, los pensadores ecosocialistas, entre ellos  Michael Löwy y  Jorge Riechmann, plantean un enfoque crítico frente a la concepción tradicional de las fuerzas productivas, del progreso lineal y el paradigma tecnológico y económico de la civilización industrial moderna que ha desarrollado el marxismo clásico.

El ecosocialismo rechaza la idea de un crecimiento perpetuo como indicador del bienestar social, y aboga por una «economía de subsistencia modernizada, con producción industrial pero sin crecimiento constante de la misma» (Riechmann). El ecosocialismo reniega de cualquier forma de autoritarismo burocrático, especialmente el que fue desplegado en las sociedades del socialismo real existente, incentivando, por lo contrario, la participación activa y democrática del pueblo.

Con el objetivo de re-insertar la economía en el seno de la sociedad y ponerla al servicio de la satisfacción de las necesidades humanas, el ecosocialismo, siguiendo la tradición marxista, reclama la apropiación y administración de los medios de producción por parte de los y las trabajadores/as, pero lucha de igual manera por un Estado verdaderamente «social, democrático y de derecho» (Riechmann).

Consecuentemente, la teoría ecosocialista se expresa a favor del uso colectivo de los bienes comunes y la limitación de la propiedad privada de los medios de producción (hasta su abolición). Son medidas para lograr una redistribución equitativa de la riqueza, poniendo fin a la exclusión de los/as más vulnerables de nuestras sociedades y a la concentración de poder (económico) en manos de algunos pocos en detrimento de la gran mayoría.

Por otro lado, el ecosocialismo interioriza la cuestión ecológica, teniendo como eje orientador el equilibrio entre las necesidades humanas y las de la naturaleza. En este sentido, aporta ideas concretas que podrían formar parte de un plan de transición hacia una sociedad ecosocialista, entre ellas: la ampliación del transporte público, altos impuestos a productos de lujo (incluyendo el automóvil individual) y a actividades productivas dañinas al medio ambiente, la fuerte limitación de publicidad para evitar la creación de falsas necesidades, reorientando así el consumo hacia productos de valor de uso, y finalmente el reordenamiento de la estructura económica en su totalidad, aboliendo sectores contaminantes y privilegiando a los que aportan a la reproducción y el bienestar social como son la salud y la educación.

A su vez, es un proyecto inspirado en las más diversas luchas  por la emancipación, «no es capaz de renunciar a ninguno de los colores del arcoiris: ni al rojo del movimiento obrero anticapitalista e igualitario, ni al violeta de las luchas por la liberación de la mujer, ni al blanco de los movimientos no violentos por la paz, ni al anti-autoritario negro de los libertarios y anarquistas, y mucho menos al verde de la lucha por una humanidad justa y libre sobre un planeta habitable» (Riechmann 2012).

Quizás suene utópico lo que nos propone el ecosocialismo, pero como ya decía Eduardo Galeano, «La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.» Hoy ya no alcanza con caminar para frenar la crisis civilizatoria capitalista, tenemos que correr.

Bettina Müller

Bettina Müller: Colaboradora del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma y miembro de ATTAC- CADTM.

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