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El retorno de la barbarie
By
Global Research, enero 12, 2021
La Jornada
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Continuando con mi anterior entrega ( La Jornada, 12/29/20) seguimos indagando acerca del retorno de la barbarie, acrecentado o estimulado por el arribo de la pandemia del Covid-19, la que debe enfrentar la especie humana. Dos ejemplos recientes provienen de la fe religiosa.

El primero es el del cardenal mexicano Juan Sandoval trasmitido por Facebook (12/8/20), lamentando el cierre de la Basílica de la Virgen de Guadalupe por motivos de la pandemia, un santuario al que acuden millones cada año.

El cardenal identifica al Covid-19 como algo demoniaco, obra de satanás. Como el caballo bermejo y verdoso del Apocalipsis, como la bestia o la peste. Según el prelado, la pandemia la construyó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en complicidad con varios gobiernos y la mafia internacional, los mismos que están fabricando las vacunas, un negocio redondo, perverso y malvado. La única que salvará a los fieles de esta amenaza será entonces la misma Virgen. De los 286 comentarios recibidos, todos apoyándole, destacan los siguientes: “… el virus es un pretexto para despojarnos de nuestra fe” … la Virgen de Guadalupe le pisará la cabeza a la serpiente …lo que se necesita es exorcizar al planeta. El segundo mantiene tesis similares, pero desde una tribuna con especialistas, es decir, mediante un discurso ilustrado, decente y racional en su forma, es decir, más sutil. Se trata del programa de televisión Ver y creer, con 18 años de antigüedad, que conduce el reconocido periodista católico Roberto O’Farrill, figura muy destacada en los medios religiosos y autor de varios libros. En un recuento de 2020, realizado en un programa del pasado 27 de diciembre congregó a un economista, un teólogo y a un experto en geopolítica.

Con un crucifijo como emblema los participantes lamentaron el cierre de los templos, coincidieron con Trump en la teoría conspiracionista a la que calificaron de plandemia, orquestada por China y que desencadenó una guerra virológica, y aceptaron el fraude electoral en Estados Unidos organizado por el Partido Comunista Chino.

En el campo doméstico, celebraron el plantón de Frena en el Zócalo, pusieron en ridículo al Presidente de México y confirmaron la existencia de la peor situación económica del país en un siglo. Su mayor conclusión que fue ilustrada por varios hechos antiguos: sólo la fe puede curar a los enfermos de Covid-19. A contrapelo de los dos casos anteriores, el papa Francisco declaró desde el Vaticano hace dos días: “… el oponerse a la vacunación equivale a un suicidio”.

En sintonía con lo anterior la oposición a la vacuna adquiere visos inimaginables en varias naciones. En Argentina, por ejemplo, se han expresado a través de los medios opiniones contra la vacuna rusa Sputnik V porque “… puede inducir el comunismo”. E Internet nos muestra a respetables médicos que sin recato alguno afirman contundentes que las nuevas vacunas afectarán el código genético de quienes la reciban o generarán esterilidad. Cuando la humanidad debe mostrar un frente común de solidaridad y de comportamientos racionales ante un patógeno que amenaza su existencia, saltan las reacciones basadas en el dogmatismo, la desinformación y la falta de escrúpulos.

Las absurdas respuestas desen-cadenadas por la pandemia se vienen a sumar a otras previas como la de los terraplanistas, que continúan afirmando que la Tierra es plana desde la fundación en 1956 por Daniel Shenton de la International Flat Earth Society. Casi extinta, esta asociación ha rebrotado en los últimos años, ahora con millones de seguidores en países como Brasil.

La barbarie suprema, sin embargo, es aquella que niega la existencia de la crisis climática global a consecuencia del efecto invernadero provocado por la contaminación industrial. En las próximas décadas éste será, ya es, el tema que orientará el destino de la humanidad y aquí, como ha quedado demostrado, los aportes de una ciencia holística, multidisciplinaria y multinacional es ya decisiva. La ciencia bien orientada, realizada y consensuada de manera colectiva y sin otros intereses más que los de la evidencia derivada de la investigación, será la única que pueda guiar a la especie por los caminos de la razón y de anular los instintos suicidas del Homo demens.

¿Qué hace a las masas negar las evidencias o negarse a consultarlas? Como lo señalamos en nuestro artículo anterior, la barbarie se expande y se contrae en el corazón de la humanidad, al parecer dependiendo del nivel de crisis en el que se encuentre. Como veremos, ello parece activar reacciones contrarias en el cerebro humano.(Continuará).

Víctor M. Toledo

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