IMAGEN: El presidente de Colombia, Iván Duque.

Todo indica que la política colombiana durante el año que estamos iniciando tendrá tres escenarios fundamentales para su desarrollo: la calle, el Congreso y el electoral y los tres estarán interrelacionados.

Sin duda que el escenario fundamental puede seguir siendo el de la calle, es decir el de la movilización y la protesta social. No porque haya una particular inquina contra el Presidente Duque y su Gobierno, sino porque se trata del primero del pos acuerdo y la terminación del conflicto armado con las FARC colocó la posibilidad de la protesta social en la prioridad de las expresiones sociales. Y esto es un buen síntoma para nuestra democracia; por supuesto habrá voces muy conservadoras que considerarán la protesta social como expresión de desorden, porque se imaginan las sociedades contemporáneas como unas en las cuales la disciplina social es lo que las caracteriza.

Es probable que las centrales sindicales lideren jornadas de protesta por la mejora de las condiciones de trabajo –paros sindicales o cívicos, tienden a llamarlas-; pero igualmente las organizaciones campesinas, indígenas y de población afro muy seguramente se vayan a expresar en el mismo sentido, por el derecho a la vida –contra el asesinato de líderes sociales de los territorios-, pero también por las condiciones económicas y por supuesto, si el Gobierno inicia fumigaciones de cultivos de uso ilícito de forma masiva, es previsible que las organizaciones que agrupan a estos cultivadores se vayan a movilizar.

El tema de la movilización por la defensa de la educación superior, es probable que siga manifestándose en la calle, especialmente para ambientar el referendo por la educación superior –esto no significa que la mayoría de las Universidades no retomen su actividad académica normal-.

El Congreso continuará siendo un escenario de concertación y confrontación política entre el ejecutivo y las diversas fuerzas políticas, alrededor de iniciativas legislativas –nuevas o aquellas que vienen en trámite, como la reforma política- y en los debates de control político. Y esto en parte por la decisión del Gobierno de no acudir al mecanismo tradicional de conformar unas mayorías aplastantes de congresistas para el trámite legislativo o lo que se ha venido denominando el no acudir nacionalmente a la ‘mermelada’, aunque muchos congresistas afirman que sí hay ‘mermelada’ en lo regional -expresada en cargos, o en el Fondo de Inversión de Iniciativa Congresional, como bien lo ha explicitado el columnista Gustavo Álvarez Gardeazabal-, mecanismo para ‘facilitar’ el trámite de los proyectos en el Congreso.

El segundo semestre estará marcado por los debates electorales para renovar mandatarios regionales y locales, así como las corporaciones públicas de esos niveles – Asambleas Departamentales y Consejos Municipales-. Estas elecciones actúan como una especie de elecciones de ‘mitaca’ que va a permitirles a los diferentes partidos políticos medir sus fuerzas electorales y comenzar a posicionarse para las elecciones nacionales futuras. Hay elecciones especialmente relevantes como la de la Alcaldía de Bogotá, por tratarse del segundo cargo del país.  Las elecciones regionales reflejan dinámicas políticas regionales o locales particulares en las cuales se superponen las diversas fuerzas políticas 

Los tres escenarios anteriores estarán transversalmente cruzados e interrelacionándose por lo que suceda con la implementación del Acuerdo con las FARC -especialmente la resolución del caso Santrich- y lo que pase con la Mesa de Conversaciones con el ELN en La Habana, en lo cual me parece válido las exigencias del Gobierno, pero no los procedimientos que se podrían utilizar para hacerlas realidad – podría acudirse a un grupo de buenos oficios que colaboraran en esto-.

Alejo Vargas Velásquez

Alejo Vargas Velásquez: Profesor de la Universidad Nacional.

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