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México: Verbosidad en la lucha política
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Global Research, junio 17, 2020
alainet.org
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Todo parece indicar, como reitera el titular del Ejecutivo federal, que “hay un concurso para ver quién es más grosero o lépero con el presidente”. Torneo de majaderías en el que un docto escritor, analista e historiador al que se le agota la imaginación, lleva la delantera desde que compareció con sus amigos del Instituto Patria, y al que Hernán Gómez ubica bien: “El pensamiento de Héctor Aguilar Camín no dista mucho del subtexto pejefóbico clasirracista de otros comentócratas”.

La conclusión de Gómez Bruera es despiadada: “En el fondo, lo que muestran las palabras de Aguilar Camín y los que piensan como él no es el rechazo a AMLO, sino su miedo a la fuerza del demos”. El pavor no es exclusivo del quintanarroense (https://heraldodemexico.com.mx/opinion/oligarcamin/).

Mas la propensión de analistas y calumnistas a practicar el golpe bajo, la calumnia contra el presidente Andrés Manuel, en demérito de eso que llaman objetividad y que en rigor no existe, no debiera permitir que la parte ofendida, agraviada hasta el irrespeto de la figura presidencial, practique como lo hizo Cuitláhuac García la ligereza para llamar a los gobernadores que se oponen a AMLO en varios e importantes aspectos del pacto fiscal y la estrategia frente a covid-19, “golpistas” y mejor todavía, según el veracruzano gobernador, “separatistas”.

La corrección democrática del presidente a García Jiménez y que hace casi 17.5 meses provocaba escándalo mediático porque “están divididos”, fue en estos términos: “yo no diría que es un agrupamiento golpista –con todo respeto a lo que dijo el gobernador–, ni siquiera diría que separatista, es un asunto político y estrictamente llamando las cosas por su nombre, diría politiquero, pero somos libres, prohibido prohibir”.

En la concepción que Obrador y muchos de sus partidarios tienen de la política, en efecto es politiquería, pero en las prácticas del PRIAN aún existente y las entendederas de los ocho gobernadores eso es la política, más aún cuando dentro de 12.5 meses se renovarán 15 gubernaturas y la Cámara de Diputados.

Está en su papel presidencial que López Obrador los inste a actuar con responsabilidad para que “no se mezclen las cosas. Una es la cuestión partidista (parte) y otra cuestión es el gobierno (todos o casi). También decirles que yo no me voy a dejar o no voy a permitir que se ningunee a la investidura presidencial. Tiene que haber respeto” (15-VI-20).

De la anterior manera será más difícil que surja otro Enrique Alfaro que primero acusa envalentado y a “lo borras”, enseguida recula a medias y se exhibe como un represor que se enreda en sus díceres, pero los hechos están a la vista de todos, aunque Dante Delgado pretende convertirlo en una víctima “socialdemócrata” del “autoritarismo” de Morena.

En los partidos de enfrente, los que impulsan la Cuarta Transformación, es ejercicio ordinario encajonar las impugnaciones más estridentes y aun primitivas en conductas golpistas y en el mejor de los casos inscribirlas en una estrategia del golpe blando, lo que no siempre corresponde a la realidad. Es el caso, por ejemplo, de las marchas en automóviles que hace semanas se realizaron en varias ciudades y que el domingo pasado se reprodujo sólo en la capital.

Legítimas son las expresiones de protesta de pequeños pero respetables grupos de ciudadanos que reunieron 500 automóviles y marcharon por Reforma y Juárez para gritar lo mismo “nos estamos muriendo de hambre” que “Vete AMLO, no queremos comunismo”, convocados por Frente Nacional Anti-AMLO. Y nada tienen de “golpistas”.

Eduardo Ibarra Aguirre

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