A casi ocho años de una guerra impuesta, Siria demuestra una constancia efectiva en el positivo balance de las ofensivas militares y diplomática.

Tal resultado revierte un proceso que desde todos los puntos de vista pretende desmembrarla a partir de objetivos geopolíticos promovidos y financiados desde los centros de poder occidentales y sus aliados en la región del Medio Oriente.

Para el analista estadounidense James Petras, los medios de comunicación desarrollaron una campaña desde Estados Unidos y Europa Occidental, ‘cínicamente planificada para encubrir los documentados informes de la toma violenta de barrios, pueblos y ciudades por bandas armadas…, con el claro objetivo de imponer un régimen títere y reforzar el control imperial occidental en Oriente próximo.’

Esa realidad, ejecutada a partir de un tablero de guerra llamado primaveras arabes, tuvo además variantes como la denominada Nido del avispón, concepto expresado por el exanalista de inteligencia Edward Snowden en el 2014 destinado a ‘proteger a la entidad sionista (Israel) con peligrosos y exacerbados slogans religiosos-islámicos’.

Todo enlazado con el cerco mediático y económico para aislar a Siria y promover a grupos terroristas que en una cifra de más de 80 mil entraron por una buena parte de los casi cuatro mil kilómetros de fronteras terrestres e ste país.

Entre fines del 2011 y los años subsiguientes, organizaciones terroristas como el Estado Islámico (Daesh en árabe), el entonces Frente Al Nusra y grupos kurdos aliados a Washington ocuparon vastos campos de petróleo, gas y yacimientos minerales en las provincias norteñas sirias de Deir Ezzor, Raqqa, Homs y Alepo, cercaron Damasco e intentaron tomar las principales ciudades.

La firmeza del ejército sirio y milicias aliadas, junto con la participación popular, permitieron afianzar y desarrollar el liderazgo del presidente Bashar Al Assad.

Sobre la base de acuerdos legalmente establecidos, el mandatario sirio solicitó y obtuvo en septiembre del 2015 el respaldo logístico de las Fuerzas Aéreas de Rusia, la asesoría iraní y el respaldo del movimiento de resistencia libanés Hezbolá, en lo fundamental.

Los cerca de 500 mil muertos y mutilados, más de 50 hospitales dañados o destruídos, así como pérdidas económicas de casi 500 mil millones de dólares, resultan un saldo devastador para esta nación del Levante, que se ubicaba entre las naciones de más estable desarrollo en la región, tolerancia religiosa y social y más virtudes que defectos en la construcción civilizada de un país.

Al mismo tiempo, el Gobierno se enfrentó al reto de resolver la crítica situación de seis millones de desplazados internos y cerca de cinco millones en el exterior.

Para ello recurrió a la aplicación sistemática de una política de reconciliación nacional, la recuperación de territorios usurpados por los extremistas armados, decretos de amnistías y rehabilitaciónn de centros para refugiados, escuelas, viviendas e instalaciones públicas.

A fines del 2018, más de cuatro millones y medio de desplazados regresaron a sus lugares de origen y poco a poco, fue lográndose la estabilidad en más del 90 por ciento del territorio nacional, con la sola excepción de dos tercios de la provincia de Idleb, ocupada por grupos extremistas liderados por el otrora Frente Al Nusra y en cuya región norteña están desplazadas desde el 2016, tropas turcas.

El balance actual permite avizorar nuevos cambios con la reapertura de pasos fronterizos con Jordania, El Líbano e Iraq, de las sedes diplomáticas de Túnez, Kuwait y Emiratos Arabes Unidos y la posibilidad de reajustes en el seno de la Liga Arabe, de la cual Siria fue marginada desde el 2012.

De igual forma, se desarrollan continuas negociaciones de carácter comercial con diversos países para la reconstrucción y se avanza en el proyecto de una nueva constitución, cuestiones a las que el Gobierno apoya y concede particular importancia.

Tan temprano como en el 2013, el presidente Al Assad afirmó que ‘la política no depende del amor o el odio, sino de los intereses’ y añadió que ‘los sistemas sectarios son peligrosos y por eso insistimos en el modelo secular en el que todos los ciudadanos son iguales, independientemente de sus religiones.’

Los éxitos militares obtenidos a lo largo de estos años, han estado acompañados de negociaciones de alto nivel, tendentes a la búsqueda de una paz estable y sobre la base de tomar en cuenta todos los intereses de las partes involucradas y el principio inviolable de respeto a la integridad y soberanía de Siria.

En ese sentido se ubican las reuniones en Ginebra, Suiza, Astaná, Kazajastán, o Sochi, Rusia, las cuales deben tener continuidad con el inicio del trabajo del nuevo enviado especial de Naciones Unidas, Geir Pedersen, el próximo siete de enero.

Pedro García Hernández

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