América del Norte: En auxilio de Trump

El 30 agosto de 2017, a 10 días del inicio de las negociaciones entre representantes de los gobiernos de México y Estados Unidos, Luis Videgaray aseguró que nuestro país se levantaría de la mesa de renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte si Donald Trump iniciaba el proceso de terminación del trilateral acuerdo. Un año después, el lunes 26, Trump lo anunció desde la Oficina Oval, en un espectáculo previamente diseñado: 

“Lo llamaban TLCAN. Lo vamos a llamar el Acuerdo Comercial Estados Unidos-México, y nos vamos a librar del otro nombre, por la mala connotación, pues Estados Unidos fue dañado bastante mal (sic) por ese tratado durante muchos años, y ahora es realmente un buen acuerdo para los dos países”. Es “¡Fantástico!”, remató en su maniquea visión.

Consumada la voluntad imperial del magnate que no conoce los colores de la bandera estadunidense, insistió una y otra vez en llamarle “Enrique” a su interlocutor vía telefónica, mientras Peña Nieto lo colmó de reconocimientos, anteponiendo el “señor presidente Trump” y le invitó un tequila al abstemio; así como en la naturaleza bilateral del acuerdo, aunque después del niño ahogado EPN insistió: “Ojalá y se sume Canadá”, como si los gobernantes del país del maple no fueran defensores de su soberanía e intereses nacionales, pese a las amenazas comerciales del sexópata de 73 años de edad y quien atraviesa por severas dificultades políticas y éticas en vísperas de las elecciones de noviembre.

Para fortuna de Donaldo Juan cuenta con el grupo gobernante mexicano que, una vez más, como como el 31 de agosto de 2016, cuando era apenas aspirante republicano a despachar en la Casa Blanca, acudió en su ayuda y lo recibió Peña Nieto cual si fuera jefe de Estado. “Apresurado” reconoce el presidente que fue, pero se congratula del puente de comunicación que establecieron con él y que de muy poco sirvió para que Trump hiciera de México todo lo que le diera la gana en su discurso racista y xenófobo para afianzarse en su electorado, así como para enviar mensajes ominosos que no amedrentaron a Corea del Norte, Cuba, Irán, Siria y Venezuela; mucho menos a Rusia y China.

Mientras el optimismo en México por el acuerdo está a todo lo que da y se pretende que lo firme Peña, como si tal cosa importara, el republicano Kevin Brady, presidente de la Comisión de Recursos y Arbitrios de la Cámara de Representantes y aliado crucial de Trump, expresó “cautela sobre el aparente adelanto de ayer”. Y el segundo republicano de mayor rango en el Senado, John Cornyn, calificó el anuncio como “una medida positiva”, pero “Canadá debe formar parte del pacto final”.

El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, está satisfecho con el acuerdo porque “quedó a salvo nuestra soberanía en materia energética. México se reserva el derecho de reformar su Constitución y sus leyes en materia energética, y quedó asentado que el petróleo y los recursos naturales del país pertenecen a nuestra nación”.

Muy bien por lo anterior, así como por la eliminación de la cláusula de terminación que había propuesto inicialmente el marido de Melania (la cual será remplazada por revisiones cada seis años), un alza vinculatoria de los salarios para trabajadores automotrices de México, incluso que el simple anuncio introdujo de inmediato un factor de estabilidad en los movimientos financieros y mejoró la posición del peso mexicano en su cotización frente al dólar estadunidense.

Aparte de lo ya apuntado, inquieta que México se comprometió a importar un número mayor de productos agrícolas de EU, lo que comprometerá la recuperación de algunos sectores del empobrecido agro mexicano y el proyecto estratégico de la soberanía alimentaria que impulsará el gobierno de AMLO.

Eduardo Ibarra Aguirre

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