AMLO, hacer historia con la ciencia

Uno de los pocos acontecimientos significativos del anterior debate presidencial, fue el anuncio que hizo Andrés Manuel López Obrador (AMLO): nombrar a la científica Elena Álvarez-Buylla para la dirección del Conacyt. La ciencia ha sido un tema poco abordado en la política mexicana, no sólo en estas elecciones, e incluso ignorada. Como veremos, las implicaciones de la designación de AMLO permiten esperar un relanzamiento de la ciencia, hasta situarla de nuevo como instrumento clave en la inmensa tarea de regeneración nacional tras 30 años de neoliberalismo.

Ello implicará el diseño de una nueva política de ciencia y tecnología volcada a solucionar las más acuciantes problemáticas que aquejan a los mexicanos y a su devastada nación. Lo anterior surge de la novedosa designación. AMLO no escogió a un miembro cualquiera de la comunidad científica, sino a un personaje destacado en más de un sentido. Álvarez-Buylla, premio Nacional de Ciencias 2017, que lo suma a muchas distinciones anteriores, reúne tres características que son hoy extremadamente raras en quienes realizan investigación científica en México.

Primero: sus aportes al conocimiento universal en la genética molecular y la ecología de poblaciones de plantas la han situado co­mo una investigadora destacada en el concierto mundial; segundo: porque su sólida cultura filosófica y epistemológica le permite entender los fenómenos desde una óptica que hoy es necesaria para resolver los grandes problemas de la humanidad: el enfoque de la llamada ciencia de la complejidad, finalmente, su firme compromiso social y ambiental la ha convertido en una de las académicas líderes en la defensa del maíz ante los embates de las poderosas corporaciones biotecnológicas por introducir variedades transgénicas. Sus propios aportes han sido decisivos para demostrar el carácter equívoco de la teoría que acompaña a la biotecnología de los organismos genéticamente modificados, y en consecuencia de los enormes riesgos que existen con su introducción. Con Elena Álvarez-Buylla y un grupo de colegas fundamos además hace 10 años la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) (https://www.uccs.mx/) que hoy aglutina a casi 100 investigadores críticos, que suman sus aportes al cuestionamiento de una ciencia sin ética, de alto riesgo, o al servicio de intereses ilegítimos.

Entonces con AMLO llega una magnífica oportunidad de consolidar el aparato científico tecnológico del país, dotándolo de mayores insumos, y de reorientarlo hacia la solución de los grandes problemas nacionales, algo que siempre se ha dicho pero nunca se ha llevado a la práctica de manera clara y contundente.

No se trata de hacer un borrón y cuenta nueva, pues de alguna manera el Conacyt en sus décadas de existencia ha logrado apuntalar y mantener numerosos proyectos que deben ser consolidados. Lo que sí se vislumbra es el enfocarse hacia objetivos urgentes. Visualizo seis temas nodales. Primero: el “ switch energético”, esto es, pasar de una sociedad basada en energéticos fósiles a otra sustentada en energías renovables (solar, eólica, hidráulica, geotérmica, etcétera), pero sin reproducir el modelo neoliberal, centralizado y de gran escala, impuesto por las corporaciones. El país debe realizar su transición energética impulsando tecnología de pequeña escala y bajo control ciudadano o estatal, es decir, en hogares, edificios, barrios, comunidades, municipios. Segundo: se necesitan nuevos modelos donde la industria simule o imite los procesos de la naturaleza (ecología industrial).

Esto implica poner en juego habilidades y conocimientos para ir modificando la industria hacia una entidad no contaminante e integrada, que recicle, que aproveche las materias primas adecuadamente, que logre ciclos de transformación más eficientes y que busque al máximo la autosuficiencia. Tercero: contra el modelo neoliberal urbano, se requieren ciudades sustentables, regionalmente autosuficientes en agua, alimentos, energía, materiales y con reciclaje de basura y sistemas de transporte públicos y colectivos. Ello significa acabar con la religión del automóvil, la especulación urbana y la privatización de los espacios públicos. Cuarto: producción de alimentos sanos provenientes de sistemas agropecuarios y pesqueros ecológicamente adecuados, es decir, agroecoló­gicos, que se distribuyan mediante redes de co­mer­cio justo y orgánico y dirigidos a un con­sumo responsable. El tema de la salud es estratégico y aquí se requiere investigación biomédica y una industria nacional de medicamentos dirigida a proveer fármacos de calidad a bajo costo. Finalmente, el país requiere de una enérgica política de regeneración ecológica, de inspiración biocultural, esto es, basada en reservas que protejan por igual la diversidad biológica y la cultural.

Víctor M. Toledo

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