Argentina – Donde aprietan los zapatos

El paro y la movilización que colmaron el centro de Buenos Aires, pero que también tuvo repercusión en otros puntos del país, expresan el sentir y la voluntad de una parte significativa de la ciudadanía, de los trabajadores y trabajadoras, también del electorado, que está manifestando su oposición al modelo político-económico que encarna Cambiemos.

Es un pronunciamiento que, en términos generales, se ubica en sintonía con los resultados electorales que se vienen verificando en provincias y municipios en fechas recientes. Lo ocurrido en la calle expresa una parte del mapa. Pero también hay una CGT oficial, ensimismada en un silencio inocultablemente cómplice con el oficialismo, y dirigentes políticos de la oposición que se siguen mirando el ombligo. Mientras tanto el gobierno, aunque desprestigiado por falta de ideas y capacidad técnica y deslegitimado por razones políticas, tiene en el Fondo Monetario Internacional y en sectores concentrados del poder económico su principal respaldo.

El escenario enuncia, cada día con más crudeza, la tensión entre diferentes modelos de país que se encarnan en metodologías políticas claramente diferentes. La propia gravedad de la crisis endurece las posiciones y hace más difícil la relación entre las partes. Mauricio Macri, que no tiene nada para mostrar como fruto de su propia gestión, se afirma en el discurso de que “volver al pasado sería autodestruirnos” tal como si estuviéramos viviendo un presente maravilloso con el auspicio de un futuro aún más venturoso. Otra pirueta discursiva para continuar surfeando las olas de la crisis, mientras se sigue culpando al pasado de la propia incapacidad presente. Todo ello condimentado con una cuota muy importante de blindaje mediático y de protección del Poder Judicial adicto. Montado sobre una representación que bien podría titularse “aprietes, mentiras y cinismo”, y que tiene como intérpretes principales al propio Macri, acompasado hoy a regañadientes por María Eugenia Vidal, a Elisa Carrió con su habitual despliegue delirante, a Patricia Bullrich como apretadora y represora serial y a Jaime Durán Barba como guionista y arreglador.

Más allá de todo esto es evidente que Cambiemos se fractura hasta el punto de que se hace difícil para el Presidente -y más aún para Marcos Peña- recomponer las piezas del rompecabezas político oficial. Debilitado en sus propias filas Macri apela a sus aliados externos, al FMI y a Trump, para seguir sosteniendo algo de poder. También por eso, como alumno prolijo, se desentiende de su propia crisis y se apresura a respaldar el golpe de estado en Venezuela… y lo hace en nombre de la democracia, con el mismo cinismo que utiliza localmente.

En otro lugar del mapa se ubican quienes, resistiendo o no, sufren las consecuencias de la política que Macri pone en práctica para su bien y el de los suyos. Y en esa parte del escenario la queja, la protesta, está instalada. Sirve como desahogo pero no alcanza. Los tiempos, los de la paciencia ciudadana y los electorales, se acortan y el reclamo no se plasma aún en una alternativa política que interprete al sujeto popular y asome como posibilidad concreta de poder.

Ganar la calle por parte de los damnificados, trabajadores, trabajadoras, pobres en general, ha sido hasta el momento la repuesta más contundente. Eficaz en si misma, aunque el gobierno la desestime. Es eficaz porque empodera y porque hace visible lo que el poder dominante, en todas sus formas, invisibiliza. También porque traspasa las fronteras del silencio mediático. La calle comunica y convoca a la respuesta colectiva.

Pero no es suficiente. Hay un clamor que aún no concreta en propuesta política con vocación y opción de poder. Unidad se reclamó desde el palco instalado frente al Cabildo. Unidad de las filas de la oposición, unidad de los trabajadores. “Con”, “sin”, “en”, “por” … pero juntos y juntas. Si esa demanda que surge reiterada desde la realidad de las bases no se plasma con urgencia en hechos incuestionables e irreversibles, el cinismo, la mentira y el apriete seguirán cotizando en el escenario político en favor del oficialismo. Y en ese caso, el costo de un desastre todavía peor al que asistimos, será compartido entre quienes hoy gobiernan y una oposición que será estéril si solo se debate en medio de egoísmos, personalismos e intereses que dejan de lado las urgencias y las necesidades de quienes peor la están pasando. Cada uno, cada una, sabe cuánto calza y dónde le aprieta el zapato.

Washington Uranga

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