Estados Unidos no es el único lugar donde se necesitan urgentemente grandes inversiones en infraestructura. El presidente de ese país Donald Trump quiere invertir cientos de miles de millones de dólares del gobierno en la mejora de puentes y autopistas de Estados Unidos, los cuales calificó como “de tercer mundo”. Pero los países en desarrollo de Asia y el Pacífico también están hambrientos de dólares estadounidenses para ayudar a mejorar sus carreteras y ferrocarriles.

Es un tema que el primer ministro australiano Malcolm Turnbull planteó a medida que se preparaba para reunirse con Trump en Washington el viernes pasado.

“Necesitamos billones y billones de dólares de inversión adicional en infraestructura en la región”, dijo Turnbull el jueves.

Los economistas concuerdan con él. El Banco Asiático de Desarrollo estimó el año pasado que las naciones en desarrollo en Asia y el Pacífico requerirían de 26 billones de dólares de aquí al 2030 para construir redes eléctricas, enlaces de transporte y tuberías de drenajes.

Una de las grandes potencias ya está interviniendo para satisfacer algunas de esas necesidades.

China está inyectando cientos de miles de millones de dólares en puertos, líneas ferroviarias y otros proyectos en Asia y en otras regiones a través de su programa Belt and Road.

El mayor exportador del mundo está tratando de construir y fortalecer una vasta red comercial en Asia, África y Europa.

Los expertos dicen que Estados Unidos y sus aliados temen que China esté usando el programa para expandir su influencia y limitar la cooperación de otros países con Occidente.

“Su mayor preocupación es que Belt and Road sea un medio para cimentar la hegemonía económica china”, dijo Harsh Pant, profesor de Relaciones Internacionales del King’s College London.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Jim Mattis, dijo en octubre que “ninguna nación debería ponerse en una posición de dictar ‘Un cinturón, un camino’ (‘One Belt, One Road)”, que es otro nombre para el programa chino.

China realiza grandes inversiones en infraestructura en varios regiones del mundo

Una alternativa a China

Pero el desafío al que se enfrentan Estados Unidos y sus aliados es cómo responder a las enormes sumas que China está inyectando en proyectos, y a los lazos que está construyendo con las naciones que reciben las inversiones.

Algunos de los rivales regionales de China ya están investigando alternativas. Japón e India, que han observado al Belt y Road con cautela, están respaldando un proyecto llamado Asia Africa Growth Corridor, cuyo objetivo es impulsar el comercio entre los continentes, al reforzar infraestructura como puertos.

Euan Graham, director del programa de seguridad internacional del Lowy Institute en Australia, dice que ese tipo de colaboración podría ser realmente atractiva porque muchos gobiernos preferirían asociarse con países distintos a China en grandes proyectos de infraestructura.

Una mayor participación de Estados Unidos podría hacerlo aún más atractivo.

Aunque es difícil competir con los miles de millones que China ofrece, según Graham, países como Estados Unidos y Japón se benefician de las ventajas de los conocimientos técnicos de ingeniería, gestión de proyectos y control de calidad.

“Deben aprovechar sus fortalezas” y ofrecer estándares más altos, dijo.

Pero comprometer grandes sumas para proyectos en el extranjero no encajará a la perfección con la agenda de America First (Estados Unidos Primero) de Trump y con su enfoque en mejorar la infraestructura de EU.

Y con las tensiones ya en aumento entre Washington y Beijing sobre el comercio, el gobierno chino podría no tomar con agrado que Estados Unidos se una en el gasto de infraestructura en Asia con rivales como Japón e India.

“Beijing verá esto como un intento de remodelar el equilibrio de poder en la región Indo-Pacífica más amplia”, dijo Pant.

Donald Trump, en busca de la recuperación de la economía de Estados Unidos

Respaldando empleos americanos

Algunos expertos dicen que hay buenas razones para que Estados Unidos inyecte dinero en Asia y el Pacífico.

El año pasado, Trump sacó a Estados Unidos de la Asociación Trans-Pacífico, un gran acuerdo de libre comercio que cubre a 12 naciones en ambos lados del océano. Al retirarse, Trump planteó dudas sobre el futuro papel del gobierno de Estados Unidos en Asia.

Trabajar en equipo con sus aliados para invertir en infraestructura “podría ser una forma útil de atraer nuevamente a Estados Unidos”, dijo Bates Gill, profesor de Estudios de Seguridad de la Universidad Macquarie de Australia.

Algunas de las principales compañías estadounidenses como GE y Caterpillar ya han respaldado los planes de Belt and Road.

Gill argumenta que Trump podría promocionar una mayor participación de Estados Unidos en el gasto de infraestructura extranjera como una forma de crear empleos en Estados Unidos y aumentar las exportaciones. Los proyectos podrían generar negocios para las empresas estadounidenses que fabrican la maquinaria y otros equipos requeridos por la actividad de construcción.

La demanda de infraestructura en la región es tan alta, dijo Gill, que los bolsillos de China no son lo suficientemente amplios para cubrirlo todo.

“Queremos trabajar con China para garantizar que su inversión en infraestructura sea comercialmente sostenible, transparente y que se sume al crecimiento económico”, dijo la ministra de Relaciones Exteriores de Australia, Julie Bishop, esta semana.

Daniel Shane

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