La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha estado aderezada, desde el inicio de cada reunión, con bravuconadas de Donald Trump, pues a este personaje le parece que es la forma ideal de negociar, poner a los miembros de los equipos contrarios con los nervios de punta para obtener, lo que desde su muy alocado punto de vista conviene a Estados Unidos, es decir, una suma cero. Pero si bien en las primeras reuniones esta estrategia podía tener efectos muy serios sobre los mercados y, por supuesto, sobre el peso mexicano, Trump ha abusado tanto de estos exabruptos que el efecto ya no es tan devastador, hay una especie de calma, no sólo por parte de los sectores financieros, sino de los negociadores y de la propia opinión pública. No hay duda de que la elección 2018 permea casi todos los intereses, pero llama la atención que ninguno de los precandidatos se haya manifestado en ningún sentido, aun cuando, la realidad es que el próximo presidente tendrá que lidiar con el destino del TLCAN, ya sea que continúe o termine.

Donald Trump quiere mantenerse en campaña y el tema ideal para avivar a sus electores es el fuego del racismo y la inquina contra México, más que ningún otro asunto. Considera que es el país más peligroso del mundo, el culpable de que los estadounidenses sean drogadictos, además de otras lindezas y la solución es la construcción del muro, que, por supuesto, México tiene que pagar. Mantiene la cantaleta con que logró la presidencia, pero ya la tiene. ¿Entonces? Lo que no parece tener vuelta de hoja, y contrariamente a los inmensos deseos de millones de personas y diversos pronósticos esperanzadores, es que Donald Trump terminará su periodo, a pesar de todas las barbaridades que siga diciendo, de que se le culpe de acosador, que tenga el dedo cerca del enorme botón nuclear poniendo en peligro a la humanidad y que siga denostando a medio mundo.

Da la impresión de que México con Donald Trump está atrapado, pero el país tiene salidas, y una pasa por cambiar la estrategia, pues la verdad es que el TLCAN no cumplió con las expectativas que los negociadores del momento planteaban. Por ejemplo, no se alcanzó la convergencia entre las tres economías, por el contrario las asimetrías se han mantenido. Tampoco se creó una industria nacional, pues se ha mantenido como país ensamblador y maquilador, el campo mexicano está devastado y uno de los objetivos centrales, cuyo cumplimiento sería la prueba fehaciente de que se transitaba hacia un nuevo estadio de desarrollo era exportar mercancías en lugar de trabajadores, tampoco se cumplió. México se ha convertido en el principal corredor migratorio mundial y al oponerse los negociadores estadounidenses a aprobar un acuerdo paralelo migratorio, las consecuencias para los migrantes mexicanos han sido nefastas. Esos trabajadores, requeridos por Estados Unidos, han estado sujetos a una enorme vulnerabilidad por la falta de un marco regulatorio y fue la causa de que se dispararan los migrantes indocumentados. Se les ha mantenido en el limbo jurídico, sujetos a graves injusticias y sin posibilidades de exigir mejores condiciones laborales ante la amenaza permanente de la deportación, todo ello muy conveniente para sus empleadores.

México optó por un modelo trabajo exportador cuyo aglutinante han sido las remesas que en 2017 alcanzaron más de 28 mil millones de dólares. Este inmenso flujo de divisas se ha convertido en pilar de la economía mexicana, pues se encuentran por encima de lo que se recibe por petróleo, inversiones extranjeras directas y por turismo, lo cual favorece la estabilidad de la cuenta corriente. Y aquí está la enorme perversión del modelo adoptado por los gobiernos neoliberales, la migración tendrá que continuar sus desplazamientos, no sólo porque son necesarios en el país de destino, sino porque México depende de este recurso. Este no debe ser el camino, México no debe continuar con el TLCAN.

Se señala con frecuencia que México debe diversificarse, buscar nuevos socios comerciales. Pero la pregunta inevitable es: ¿qué va a comerciar, si lo único nacional es su economía postre, de la cual los funcionarios se sienten muy orgullosos? México tiene que plantearse un camino en el que pueda ser realmente competitivo, que a estas alturas del partido pasa por la economía digital como la fuerza que permite reducir la desigualdad y fortalece la inclusión social. Por tanto, es prioritario que el nuevo proyecto nacional otorgue a la educación, la ciencia, la investigación el papel promotor del desarrollo aplicando inversiones suficientes para alcanzar este objetivo que ni las crisis ni los cambios de gobierno cambien este propósito, tiene que ser una política transexenal.

Es un momento de inflexión, un camino largo, pero este es el momento y, como señala la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, las ventanas de oportunidad existen, están abiertas pero no para siempre.

Ana María Aragonés

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