Bernie Sanders no podía escaparse de la pregunta. “¡Bernie 2020!” gritó alguien del público, interrumpiendo su discurso de apertura de una conferencia de tres días en la ciudad donde comenzó su carrera política como alcalde. Entre los debates programados, mientras comían helado Ben & Jerry’s y probaban cerveza artesanal local, los activistas que trabajaron en la campaña del senador de Vermont en 2016 charlaban animadamente sobre la posibilidad de una segunda campaña presidencial. Jeff Weaver, su jefe de campaña en 2016, respondía diplomáticamente respuestas sobre el 2020 mientras charlaba con los invitados.

Entonces, Yanis Varoufakis, exministro de economía de Grecia, elevó la apuesta considerablemente. “Déjeme que le transmita un mensaje de todos nosotros en Europa”, le dijo Varoufakis a Sanders durante un panel de discusión. “Todos sus camaradas que están luchando por recuperar sus ciudades, todo el mundo, el medioambiente, todos necesitamos que Bernie Sanders sea candidato a presidente”. Rodeado de sus más leales seguidores, que explotaron en un fervoroso aplauso, Sanders sonrió tímidamente. “Y con esto”, dijo, era hora de cerrar la sesión.

El momento capturó el inverosímil arco de una carrera de 40 años que ha llevado a este senador independiente del estado de Vermont a las puertas de una segunda candidatura a la Casa Blanca. Cuando Sanders lanzó su campaña en mayo de 2015, el 76% de los estadounidenses no tenían ninguna opinión sobre él o ni siquiera habían oído hablar de él. Ahora, el país –por no decir el mundo– está esperando que este líder de la izquierda estadounidense de 77 años decida qué va a hacer.

Sanders ha declarado en numerosas ocasiones que sólo se volverá a presentar como candidato si cree que él es el mejor candidato para derrotar a Donald Trump. En la apertura de la conferencia del Instituto Sanders en Burlington, el senador estuvo junto a prominentes figuras de la izquierda, académicos y funcionarios para articular una visión progresista que pueda contraatacar el atractivo de Trump basado en agravios. “Nada menos que todo lo que amamos está en juego”, le dijo al público Nina Turner, miembro del Instituto Sanders y leal seguidora del senador, el viernes pasado por la mañana.

En medio de debates sobre el cambio climático, la desigualdad salarial y el nacionalismo de derechas, los panelistas expresaron profundos temores de que la democracia de Estados Unidos –y del planeta– esté en riesgo bajo el gobierno de Trump. Jane Sanders, esposa del senador y fundadora del instituto el año pasado, dijo que la acelerada amenaza del calentamiento global y la embestida de Trump contra las instituciones democráticas son temas que preocupan mucho a su marido. También aseguró que el senador está consultando a amigos, seguidores y otros demócratas si debería volver a presentarse como candidato a presidente.

“Él no tiene un deseo ardiente de ser presidente, sino que tiene el deseo ardiente de mejorar este país para todas las personas, sean del origen que sean”, afirmó. “Así que lo que tiene que definir es si él es la persona ideal para derrotar a Donald Trump”. En 2016, Sanders conquistó masas enteras con sus duros discursos contra la “clase de los multimillonarios” y la codicia corporativa. Ganó las primarias en 22 estados y le votaron 13 millones de personas en lo que fue esencialmente una competencia entre él y Hillary Clinton.

Los discursos –y las multitudes– no han cambiado demasiado. Pero sí ha cambiado el camino hacia la candidatura. El panorama de las primarias demócratas promete ser amplio y desordenado, como lo fueron las primarias republicanas del 2016. En torno a treinta personas han manifestado su interés en presentarse como candidatos, entre ellos el exvicepresidente Joe Biden, el empresario Michael Bloomberg y el diputado Beto O’Rourke. Sanders ha reconocido que de presentarse como candidato, se enfrentaría a varios “buenos candidatos” que incluyen “amigos” y personas que conoce “desde hace mucho tiempo”. Entre ellos se encuentran varios colegas del Senado que podrían ser candidatos progresistas: Elizabeth Warren, de Massachusetts, Cory Booker, de NuevaJersey, Kamala Harris, de California, y Jeff Merkley, de Oregon, siendo el último uno de los pocos congresistas que apoyó la candidatura de Sanders en 2016.

“Será una batalla campal”, afirmó el jueves Cenk Uygur, fundador de la red de noticias Jóvenes Turcos, entre panel y panel. “Les pido a los progresistas que, hagan lo que hagan, eviten que las primarias demócratas se transformen en un pelotón de fusilamiento”. Uygur señaló que la cantidad de progresistas que quieren presentarse como candidatos es una señal de su lugar dentro del partido, pero aún así cree que Sanders es el mejor y más efectivo mensajero para la causa. “El reconocimiento de un nombre es el índice más subestimado en la política estadounidense, y él lo tiene”, dijo Uygur. “No debemos desperdiciar esa ventaja”.

Republicanos agitan el miedo socialista

En noviembre, los demócratas recuperaron la Cámara de Representantes. Sin embargo, muchos destacados candidatos perdieron tras hacer campaña con un programa al estilo de Sanders. Un puñado de estos candidatos, incluidos Ben Jealous de Maryland, Abdul El-Sayed de Michigan y Randy Bryce de Wisconsin, estuvieron presentes en la conferencia en Burlington. Bryce, un herrero que perdió por poco un escaño de Wisconsin a manos del portavoz del Congreso, Paul Ryan, rechazó la idea de que su derrota fuese un repudio al movimiento progresista.

“No se trata solamente de ganar una elección. Se trata de fortalecer un movimiento”, le dijo al público el viernes por la noche. Añadió que la energía generada por su campaña ayudó a que los demócratas derrotaran al gobernador republicano de Wisconsin, Scott Walker, en lo que se consideró una gran victoria en un estado donde Trump ganó en 2016. Aun así, los resultados generaron un debate en la izquierda sobre cómo pueden hacer los progresistas para ganar fuera de los enclaves más liberales del país y si el movimiento se beneficiaría de una “cara fresca” para el 2020.

Weaver, veterano asesor de Sanders cuyas memorias de la campaña del 2016 acaban con la frase “preséntate, Bernie, preséntate”, rechazó cualquier alusión a que los buenos tiempos del senador hayan quedado atrás. “Lo que quieren los votantes es un candidato con ideas frescas, alguien con el coraje de sus convicciones, alguien que sea un mensajero auténtico de su plataforma”, dijo. “No basta con tener una visión progresista. Los demócratas necesitan un candidato con visión progresista y que pueda derrotar a Trump”.

Según Weaver, Sanders tiene una posición única para convertirse en el matadragones del partido. El asesor recuerda su conquista en 2016 del voto joven y de los independientes y su éxito en zonas rurales y de clase trabajadora. Aunque en 2016 los sondeos en esta instancia demostraron ser poco fiables, Sanders, Biden y Warren son los favoritos para las primarias demócratas. Y en sondeos que simulan hipotéticas rivalidades en las elecciones generales, Sanders le lleva la delantera a Trump de forma constante.

Los republicanos se han regodeado de la posibilidad de enfrentarse a Sanders, ya que creen que al asociarlo con el socialismo sería un blanco fácil y un arma para utilizar contra otros candidatos del partido en distritos moderados o en disputa. Esta misma lógica inquieta a algunos demócratas, que admiten que Sanders sería un rival formidable para las primarias. Sus seguidores ponen los ojos en blanco. Es sabido que Sanders es un demócrata socialista y aún así, señalan sus aliados, su índice de aprobación sigue siendo alto. Un sondeo realizado por Gallup desde septiembre concluyó que el 53% de los estadounidenses tiene una imagen favorable de él.

Sanders se regocija al recordarle al público que los demócratas que alguna vez rechazaron sus ideas por ser supuestamente “demasiado radicales” y “muy costosas”, ahora las apoyan. Y no sólo los demócratas, insiste: es la mayoría del país. El senador a menudo cita un sondeo de Reuters/Ipsos que concluyó que el 70% de los estadounidenses apoya su propuesta más importante, el proyecto de sanidad universal Medicare for All. Sanders ha pasado el último año preparando el terreno para una segunda candidatura. Igual que sus rivales, ha recorrido el país en apoyo a los candidatos demócratas de las elecciones de mitad de legislatura de 2018, viajando a estados especialmente decisivos: Michigan y Florida, Nevada y Arizona.

Sanders también intentó hablar de sus declaraciones pasadas respecto del control de armas, que Clinton aprovechó en su contra en 2016, y fortalecer sus propuestas en materia de asuntos exteriores. Ha comenzado a hablar sobre su liderazgo al promover leyes que pongan fin al apoyo estadounidense a la campaña militar saudí en Yemen, que la semana pasada permitió resolver un atolladero procedimental cuando el Senado votó en contra de las políticas del gobierno de Trump. También ha intentado mejorar su relación con las minorías, especialmente con los votantes afroamericanos. Pero incluso sus seguidores admiten que todavía le cuesta hablar sobre los problemas raciales con la claridad y la soltura con la que habla de los conflictos de clase.

La semana pasada, Sanders presentó su nuevo libro Hacia dónde vamos desde aquí: dos años en la resistencia, un relato de sus logros legislativos y políticos desde que perdió las primarias en junio de 2016. En él, Sanders subraya los niveles récord de apoyo en el Congreso y en el Senado de sus proyectos de sanidad pública universal y su éxito al presionar a Disney y a Amazon para que eleven el salario mínimo por hora de sus empleados. “La gente cree en nuestras ideas”, les dijo Sanders a sus seguidores el jueves en Burlington. “¿Entonces qué hacemos?”. Para aquellos en la conferencia (los soldados rasos de su revolución política) la respuesta era obvia.

“Sanders inyectó energía al movimiento progresista de formas que no hemos visto en el siglo XXI”, afirmó Nina Turner, exsenadora estatal de Ohio y directora de Nuestra Revolución, un grupo político que creció desde la campaña del 2016. “Él creó este fenómeno y él debería ser nuestro candidato a presidente”.

Lauren Gambino.

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