Algunos medios vinculados al capital financiero, como el británico Financial Times, se indigestaron con la sexta reunión de jefes de Gobierno de China y 16 países de Europa Central y Oriental (ECO), celebrada en Budapest la última semana de noviembre.

El diario de la City lanzó una alerta roja asegurando que China está interviniendo “en áreas abiertamente estratégicas y políticas, lo que genera desconfianza entre alguna de las potencias occidentales que dominan la agenda de la UE”.

La ECO o 16+1 es la alianza entre China y los países de Europa Central y Oriental (Hungría, Bulgaria, Rumania, Polonia, Bosnia-Herzegovina, Serbia, Croacia, Eslovenia, Eslovaquia, Albania, Macedonia, Montenegro, República Checa, Lituania, Letonia y Estonia). O sea, los países menos desarrollados y más pobres de la Unión. El diario británico acepta que en ese grupo de países la “estrella de Beijing” brilla cada vez con mayor intensidad.

Al Foro Económico y Comercial celebrado en Budapest asistió el primer ministro chino, Li Keqiang, quien ante mil empresarios propuso acoplar la iniciativa china de la Franja y la Ruta de la Seda con las estrategias de desarrollo de los países del centro y el este de Europa. Mencionó además la necesidad de acelerar la construcción del tren Hungría-Serbia que enlaza con los trenes de carga China-Europa.

Países europeos, fuertemente comprometidos con la implementación de la Ruta de la Seda encabezada por China

Desde 2012 las empresas chinas apoyadas por los bancos estatales anunciaron inversiones de 15.000 millones de dólares en infraestructura y sectores relacionados, según el Financial Times. Serbia estableció una alianza estratégica con el dragón asiático, que define como “amistad a toda prueba”, lo que le valdrá millonarias inversiones. La República Checa, Hungría y Bosnia destacan en la lista de inversiones chinas.

Citando a fuentes de Bruselas, el diario afirma que está en juego la unidad de Europa. Considera que la dinámica de las alianzas de China “puede debilitar la posición de Bruselas en las relaciones con su segundo mayor socio comercial”. Uno de los puntos más sensibles estriba en que “la presión de China por contratos para sus empresas puede debilitar las reglas del mercado único de la UE en los procesos públicos de compras”.

En estos momentos Bruselas presiona para vetar inversiones extranjeras en el bloque, actitud que levanta una firme oposición china. Las autoridades europeas se proponen monitorear las inversiones del país asiático en áreas sensibles como la defensa y la innovación tecnológica.

Pero la mayor preocupación, siempre según el medio financiero, es que la presencia china puede modificar la relación de fuerzas en el interior de la UE, sobre todo en materias como la seguridad y la política externa común, que necesitan la unanimidad de sus miembros para la toma de decisiones. Los países aliados de Pekín pueden formar un bloque que podría poner en aprietos a los países más grandes de la Unión y superar en votos a los países fundadores.

Detrás de este debate hay varias cuestiones que no se nombran, pero que pueden resultar decisivas en el mediano plazo.

La primera es que la UE no tiene una estrategia propia y sigue siendo dependiente (y sometida) de Estados Unidos. Algunos países clave de la región centro-oriental, como la Hungría del primer ministro Víctor Orbán o Serbia, están siendo seducidos por China, que promueve amplias inversiones para mejorar su capacidad comercial y la interconexión entre el puerto griego de El Pireo (cabeza de una de las líneas de la Ruta de la Seda) y Europa.

Si la UE ya tiene graves problemas para establecer una estrategia común, con la presencia china en el flanco oriental sus problemas se agravan. Cada vez será más difícil para EEUU conseguir que su aliado europeo actúe de forma unificada ante las situaciones críticas.

 La segunda es la desilusión de buena parte de los países del Este y del Centro del continente con la profundización de las desigualdades sociales en la región, que afecta sobre todo a los menos desarrollados y favorece claramente a Alemania. En respuesta al informe del Financial Times, el diario oficialista chino Global Times publicó un editorial en el que aseguró que la alianza con los 16 países de la ECO “no es una herramienta geopolítica”.Más importante aún, el diario aseguró que los países en desarrollo de Europa “no reciben suficiente ayuda de la UE” y que la cooperación con China puede ayudarlos a progresar. Un reciente informe de Le Monde Diplomatique (setiembre 2017) sobre Eslovaquia concluye que entre la población cunde la desilusión con la UE, porque los trabajadores no aceptan la desigualdad y no entienden por qué sus salarios son tan bajos en comparación con los vecinos occidentales.

El premier de China, Li Keqiang, durante el encuentro con países de Europa del Este celebrado en Budapest (Hungría)

Los países de centro-oriente tienen los salarios más bajos de la UE, con diferencias abismales. Mientras en Alemania y Francia el salario mínimo roza los 1.500 euros, en Portugal y Grecia no llega a la mitad y en Hungría, Croacia y Polonia apenas supera los 400 euros. Entre los candidatos a ingresar a la UE, como Albania, Montenegro, Macedonia y Serbia, el salario mínimo oscila entre los 150 y los 288 euros.

La promesa de prosperidad y de igualdad está siendo rasgada por las políticas neoliberales que benefician a los más ricos y al sistema financiero. Un politólogo de la Academia Eslovaca de Ciencias, Juraj Marusiak, sostiene que “los comunistas nunca lograron introducir sentimientos antioccidentales, mientras que hoy en día se vuelven muy fuertes” (Le Monde Diplomatique, setiembre 2017). La explicación es muy sencilla: entre 1970 y 1985 los ingresos de las familias crecieron un 50%, para caer en 1990, al punto que recién en 2007 el PIB volvió al nivel de 1989.

La denuncia de que China está intentando dividir a la UE es apenas una muestra de la impotencia de las élites europeas para cumplir las promesas que hicieron a los pueblos luego de la caída del muro de Berlín.

Raúl Zibechi

Raúl Zibechi: Periodista e investigador uruguayo, especialista en movimientos sociales, escribe para Brecha de Uruguay, Gara del País Vasco y La Jornada de México.

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