Corea, ¿Otra vez?

Donald Trump no sabe, no quiere o no desea comportarse como un estadista. Continúa poniéndoselo difícil a los demás. A sus socios europeos los tiene sobre ascuas. Con China y Rusia, no acorta camino, incrementa  distancias. Tampoco anda bien con Turquía, socio importante de la OTAN, contra quien parece haber maniobrado para provocarle daños financieros significativos. Con su vecino Canadá, asimismo, anda a la greña.

Otro aliado, Pakistán, le reclama por la cancelación de 300 millones de dólares adeudados a Islamabad, por los gastos del país centroasiático, vía especial para la logística norteamericana con destino a la prolongadísima guerra en Afganistán, entre varios hechos ajustados con Washington.

En el Medio Oriente solo Arabia Saudita e Israel le ríen las gracias al magnate devenido presidente. Los palestinos tienen nuevas y dolorosas razones de ofensa y en Corea del Norte están perdiendo la paciencia. “Si las relaciones entre el Norte y Estados Unidos empeoran nuevamente como el año pasado y la península coreana enfrentase la peor crisis de guerra, serán quienes manejan complots militares quienes deberían cargar con toda la responsabilidad”.

Así lo planteó un medio noticioso norcoreano, luego de la suspensión de la programada visita a Pyongyang del secretario de estado Michael Richard “Mike” Pompeo, y declaraciones previas de James Mattis, aludiendo a la eventual reanudación de ejercicios  militares con surcorea. El propio Trump, tuiteó amenazando con hacer juegos de guerra “mucho más grandes que los anteriores” y queriendo matar a dos con un solo disparo, culpa a China por lo que él y sus agresivos colaboradores, consideran falta de avance en la desnuclearización de la península, pese a saber imposible y peligroso hacerlo, sin las debidas cautelas.

Se atreven a difamar a dos naciones pasando por encima de la voluntad y hechos  articulados por ambas. Sin embargo, les parecen normales los arsenales atómicos israelíes o  el despliegue activado de unidades especiales estadounidenses en Japón, Filipinas y Corea del Sur para maniobras improcedentes en esta etapa, a menos que no sean sinceros en la búsqueda de soluciones solventes.

“Mucha gente, como yo, siente que EE.UU. es el primero en el mundo cuando se trata de tergiversar la verdad y de usar una lógica irresponsable y absurda”. El criterio pertenece a Hua Chunying, portavoz de la cancillería del gigante asiático, quien lo expuso ante la prensa, tras las impertinentes imputaciones estadounidenses, culpándoles de una improbada lentitud en el desmantelamiento de recursos ofensivos norcoreanos. Sería absurdo suponer que en la Casa Blanca ignoren el elevado y constructivo desempeño de Beijing en los avances obtenidos en un objetivo de interés mundial. En todo caso,  a la inversa, Trump y Cia. no aprovechan bien esas u otras potencialidades en ese o cualquier proceso candente del momento.

La anti diplomacia norteamericana y la bravuconería  barriobajera de la actual administración van en dirección adversa y desequilibrada. Los avances intercoreanos muestran mejores e inteligentes trayectorias. Pero los esfuerzos actuales de Seúl y Pyongyang, también resultan entorpecidos. Si las amenazas militares están a la orden de día con diferentes subterfugios, no menos ocurre con los intentos de estorbar los esfuerzos entre las dos coreas en alivio de tensiones y buscando materializar progresos.

A finales de agosto, se dio un revelador incidente cuando a los del sur  les negaron permiso para acceder al norte, donde ambos tenían planeado avanzar en las pruebas con un tren, en procura de activar la vía ferroviaria que conectaría a Seúl con la nororiental ciudad de Sinuiju. Con un pretexto baladí fue bloqueada la acción, pese a la solicitud de autorización previa, por el Comando de las Naciones Unidas, dirigido  por ya se sabe quién.

Algunos críticos sospechan que el incidente, (para nada el único, so pretexto de violar las sanciones contra la RPDC, se cometieron varios), refleja el nerviosismo estadounidense ante la diversidad y empuje de los proyectos intercoreanos. No quieren dejar libres a las dos palomas y menos si sus  alas pueden volar solas y alto. Con grandes diferencias, son una sola nación  de raíces muy profundas, unidad lingüística y cultura con no menos de dos milenios de antigüedad.

De otra parte, los olvidadizos no recuerdan etapas anteriores, cuando posicionamientos tan absurdos como los en boga, impidieron desenlaces inteligentes. El padre del actual jefe de la RPDC, Kim Jong-Il, expuso a finales del 2002 en mensaje a George W. Bush:

“Si los EEUU reconocen nuestra soberanía y nos aseguran que no van a agredirnos, creemos factible encontrar un camino para resolver la cuestión nuclear en cumplimiento de las demandas del nuevo siglo (…) Si los EE.UU. toman esta decisión audaz, nosotros responderemos de igual manera”.

Diez años antes, norcorea, en otro intento por despejar  el futuro, firmó un Acuerdo Marco (1994) y detuvo el programa nuclear, paso inspeccionado por el Organismo Internacional de Energía Atómica. El intento fracasó pues el Congreso (dominado por Republicanos, como ahora)  se opuso abiertamente y mantuvieron las sanciones. Actitud muy parecida a la de este momento cuando tampoco levantan los castigos económicos y, encima, usan malas artes para perjudicar a quien da evidencias de compromisos serios.

Recordando la reciente denuncia hecha por Serguei Lavrov, sobre el dirigente norteamericano a cargo de un órgano de Naciones Unid, desde donde ese individuo prohibió todo tipo de convenio o ayuda a Siria, el citado evento con los coreanos indica un malsano empleo de las estructuras de la ONU y una política, no original, pero sí particularmente siniestra.

La actitud norteamericana contrasta con el interés mostrado por ambas coreas y el empuje del presidente Moon Jae-in para dinamizar las relaciones con el norte a través de diversos hechos y  proyectos en marcha. Debe ocurrir –si no es boicoteada también- una visita suya a Kim Jon-un en la capital norcoreana dentro de pocos días, y circula una idea con pocas probabilidades de ocurrir, dada la tirantez made in USA, pero prueba del ánimo conciliador practicado por Moon.

Él plantea un encuentro tripartita coreano-estadounidense, aprovechando las sesiones de la ONU a mediados de este mes. La posibilidad de hacerlo, fue expuesta por su asesor especial para asuntos de seguridad, Moon Chung-in. Antes del encuentro en junio pasado entre Trump y el líder norcoreano en Singapur, Moon propuso algo parecido, sin éxito.

Ahora concurren varios imponderables de por medio.  Los norcoreanos consideran que EE.UU. “todavía no está listo” para cumplir con las expectativas de Corea del Norte “en cuanto a dar un paso adelante y firmar un tratado de paz”. Ese es un importante, sensible aspecto de los tratos. Para las dos coreas resulta decisivo firmar la que desde 1953 se arrastra como un armisticio, (una tregua jamás puede ser igual a un compromiso de obligado cumplimiento). Si solo dependiera de los coreanos, esa firma ya estuviera estampada. Trump y su corte, dicen que “es muy pronto” mientras meten prisa a norcorea para empujarla hacia donde ellos desean, con irrespetuoso y arbitrario proceder.

La CNN, reflejando las dificultades promovidas en las últimas semanas, transmitió en una de sus emisiones, el aviso hecho por altos funcionarios de Corea del Norte, con la advertencia sobre los avances en la desnuclearización pues “están nuevamente en juego y pueden desmoronarse”, si las amenazas  y ofensas continúan.

Las  tradicionales pretensiones hegemónicas de EE. UU. en modalidad aislacionista y agresiva, se adjudica la última palabra aun cuando fabrique  o de alimento a fuertes conflictos, sin sopesar que daños continuos y excesiva arrogancia, no pueden aportar flores ni canciones, sino agresividad y contrariedades que ya comenzaron a expresarse malsanamente.

Elsa Claro

Elsa Claro: Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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