El resultado de las votaciones para la composición del Congreso en Estados Unidos (EEUU) podría ser un dique para las políticas de Trump. Mientras redacto estás líneas tiene lugar el proceso de votación en ese país, por lo cual no es posible conocer la tendencia del sufragio y si la misma se orientará conforme a lo señalado por las encuestas.

Sondeos de la preferencia electoral señalaban mejores horizontes para los opositores de la administración trumpista. Lo que se dirime en las urnas es, como recién señaló David Brooks en La Jornada, toda la Cámara de Representantes (el equivalente a nuestra Cámara de Diputados), poco más de un tercio del Senado y gubernaturas de 36 estados. En conversaciones con activistas en el área de Filadelfia, ciudad con diversidad de poblaciones provenientes de varias partes del mundo, aseveraban que si los agraviados por la retórica del presidente estadunidense y sus políticas excluyentes salían a sufragar en porcentajes importantes, se le ganará terreno a quienes añoran un país libre de indeseables y advenedizos que no se asimilan al american way of life.

Las votaciones en EEUU se realizan los martes. Normalmente los centros escolares son lugares donde se instalan las urnas, por lo que no hay clases en primarias, secundarias y preparatorias. Pero no se suspenden actividades laborales, lo que ocasiona mayores concentraciones de votantes temprano en la mañana, a la hora de la comida o salida del centro de trabajo. En Filadelfia y ciudades aledañas amaneció lluvioso y el resto del día con nubarrones. La temperatura oscilante entre 14-16 grados Celsius, y leves ráfagas de viento. Por lo atestiguado, el clima no ha sido un buen aliado para incentivar la votación.

Los promotores del voto en favor de los representantes y senadores demócratas han realizado intensas campañas entre los latinoamericanos para que hagan valer su peso electoral. En estos posibles votantes existe mayormente indignación por la retórica de Trump que los criminaliza. También hay miedo, mucho miedo, ya que gran número de quienes acá llaman genéricamente hispanos ha migrado a la zona de Filadelfia desde otras partes de EEUU, donde consideran que son más vulnerables a los rondines de los agentes de inmigración.

El gobierno de Donald Trump y quienes lo apoyan con encendidos ánimos para, como dicen, hacer nuevamente grande a Estados Unidos, anhelan revertir algo que es irreversible: la intensa y creciente multiculturalidad de la sociedad estadunidense. Uno va de sitio en sitio y se hace evidente la presencia de, por ejemplo, dominicanos, centroamericanos, colombianos, personas provenientes de distintas naciones asiáticas (conocí la situación de personas procedentes de Myanmar, antes Birmania, que se han concentrado en una pequeña ciudad llamada Egipto, como a dos horas de Filadelfia), africanos y, por supuesto, mexicanos. La diversidad ya está instalada en EEUU, tanto por cuestiones endógenas como exógenas y no puede ser extirpada por más que los añorantes de una supuesta edad de oro hagan denodados esfuerzos para lograrlo.

El presidente Trump ha reiterado en estos días su conocido discurso, que consiste en denunciar una y otra vez el peligro que se cierne sobre el país si no tiene respaldo para sus planes en el Congreso. En ese sentido ha usado las caravanas de Centroamérica que transitan por México para reiterar que no permitirá que pisen territorio estadunidense. Algunos contingentes de los más identificados con la política antinmigrante de Trump dicen estarse preparando para hacer frente con armas a quienes caminan en doloroso peregrinaje para huir del constante empobrecimiento y la violencia. Los medios afines a Donald Trump transmiten una y otra vez imágenes de las caravanas, lo hacen con la clara meta de infundir terror en sectores de la población de por sí ya predispuestos contra los inmigrantes.

Con la tendencia del voto en su favor, y de materializarse la misma en la Cámara de Representantes, los demócratas tendrían la posibilidad de iniciar contra Trump el proceso de destitución (im­peachment). Este ha sido uno de los temas perfilados por los posibles ganadores, ya que consideran que el presidente estadunidense tiene serias desventajas para cumplir con el cargo para el cual fue elegido. Incluso líderes demócratas o integrantes de la Cámara de Representantes sostienen como premisa de fondo que Donald Trump tiene serios problemas de salud mental.

Aunque las elecciones de medio término enfrentadas por Trump tendrán repercusiones globales, es en las urnas donde se decidirá si ponen un dique a los oleajes trumpistas y reconfiguran la vida política y social de Estados Unidos. Lo mejor y más solidario de la población de ese país se ha movilizado para levantar un muro, integrado por todos los colores y sensibilidades, que detenga el discurso y acciones de odio cuyo empeño es regresar a un paraíso que nunca lo fue.

Carlos Martínez García

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