Estados Unidos impulsó por décadas el libre comercio para abrirse mercados y crecer a costa del resto de los países. Sin embargo, dicha estrategia no le resultó como esperaba, debido a que otras economías han resultado más exitosas. Desde que China ingresó a la Organización Mundial de Comercio, a fines de 2001, ha venido incrementando su presencia en el comercio mundial a costa de reducir más la participación de los productos de Estados Unidos en el ámbito global y en el propio mercado estadounidense.

El gobierno de Estados Unidos está fijando aranceles a diversos productos, como el acero y el aluminio (entre otros) que considera de seguridad nacional para el impulso de su industria y de su economía, y está negociando con varias economías para que sus productos no sean sujetos de fuertes aranceles y barreras para dinamizar sus exportaciones. Ello está dirigido a reducir su déficit de comercio exterior y favorecer su producción y empleo.

En cambio, el gobierno mexicano sigue defendiendo los acuerdos de libre comercio que lo llevaron a firmar el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TPP11), signado el 8 de marzo en Santiago de Chile. El titular de la Secretaría de Economía de México, Ildefonso Guajardo, resaltó ahí la importancia de dicho acuerdo en la lucha contra el proteccionismo, y se vanaglorió de que México ha sido un defensor de la integración global. El problema es que no hay que festejar nada, dado que hemos sido perdedores en dicho proceso al igual que Estados Unidos. El libre comercio nos ha llevado a tener menos industria, menos empleo productivo, menores salarios, altos niveles de endeudamiento, bajo crecimiento, alta dependencia de la entrada de capitales y alta vulnerabilidad.

El secretario de Economía cree que en ésta o en otra administración, Estados Unidos regresará al Acuerdo Transpacífico. Guajardo sigue sin darse cuenta de que el proteccionismo lo plantearon también los demócratas en la pasada campaña electoral en Estados Unidos. Hay preocupación de los dirigentes de dicho país de la pérdida de hegemonía que han venido teniendo a escala mundial, y de ahí su preocupación por retomar el desarrollo industrial para evitar ser desplazados por China.

Los sectores opositores al proteccionismo en Estados Unidos son los que responden a los intereses de las empresas trasnacionales, que son las que han ganado con dichas políticas, y en cambio han perdido los países adonde ellas pertenecen. Los estrategas velan por los intereses nacionales, y de ahí que tanto el senador demócrata Bernie Sanders, como la candidata de dicho partido en 2016, Hillary Clinton, junto con Donald Trump, en sus discursos criticaban al libre comercio como causante de los problemas de desindustrialización, desempleo, bajos salarios y bajo crecimiento de dicha economía.

En cambio, en México, los tomadores de decisiones no tienen proyecto de nación alguno. Defienden los intereses de las empresas trasnacionales y de ahí que están por el libre comercio, lo que explica que el gobierno actual sigue en el liderazgo de los mejores marcos modernizadores en materia de comercio internacional, en palabras del secretario de Economía.

Para Ildefonso Guajardo en nuestro país la apertura y el libre comercio tienen un amplio respaldo de la población, debido a que nos hemos beneficiado durante dos décadas. Si fuera así, la economía nacional estaría creciendo, al igual que el empleo y los salarios, y se estaría reduciendo el déficit de comercio exterior y los niveles de endeudamiento interno y externo, y el gobierno no tendría el descrédito e impopularidad que enfrenta.

Señaló Guajardo que muchos empleos se deben al sector exportador, pero no dice que se han perdido más empleos debido al rompimiento de cadenas productivas que ha originado el gran crecimiento de importaciones derivadas del libre comercio que tanto defiende. También afirmó que el TTP11, nos abre un nuevo mercado para productos mexicanos con naciones con las cuales no teníamos tratados de libre comercio. El problema es que México no cuenta con la capacidad productiva y competitiva para salir airosos en el libre comercio, lo que se ha evidenciado desde los años 90 cuando pasó a predominar dicha política.

El libre comercio no podrá continuar en nuestro país y en muchos otros, debido a que seguirá ahondando los rezagos productivos, como el déficit de comercio exterior en los países de baja competitividad. Ello por un lado frena el crecimiento económico y la generación de empleo y, por otro, plantea un problema de financiamiento del déficit comercial externo difícil de resolver. Hay que recordar que las políticas económicas son mundiales. No podrá seguir el libre comercio, si la principal economía del mundo avanza hacia el ­proteccionismo.

Arturo Huerta González: División de Estudios de Posgrado, Facultad de Economía, UNAM.

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