El cerco se estrecha

El martes 3 de noviembre de 2020 día de elecciones en Estados Unidos es para México, su presidente y decenas de países más una fecha clave. Sin embargo, no es hasta esa fecha que se iniciarán los sismos internacionales que nos afectarán. Sus procesos prelectorales empezaron ya y ningún país los sufrirá tanto como México. No Rusia, no China, no Norcorea, ni Irán, ni Venezuela.

Ninguno de esos países tiene los niveles de dependencia estructural que nuestro país. Dependemos de la importación mayúscula de granos, cárnicos e hidrocarburos; financiamientos, 80 por ciento de nuestro comercio exterior, de los constantes conflictos fronterizos y más. Súmese a ello el terrible poder institucional de su presidente y el mesianismo del actual. Agréguese a eso nuestro tácito aislamiento del mundo. No tenemos aliados. De Latinoamérica hace rato que nos arrinconamos, a la agitada Europa por hoy no le interesamos.

Adicionalmente a nuestra dependencia han estado siempre presentes conflictos de coyuntura, pero no tan graves como el que estamos viviendo. La naciente relación AMLO-Trump es la más explosiva en la historia reciente. En ella nuestro Presidente es la sagacidad andando, Trump la brutalidad a caballo.

Trump es mundano en sus expresiones vulgares y cotidianas, frágil por ello, más debe recordarse que detrás de él está una de las estructuras de gobierno más eficaces del mundo. Gracias al dictamen del fiscal Mueller, Trump es más fuerte en su obsesión de doblegar a un México que sostiene ser el origen de problemas que son un dolor de muela para la Casa Blanca: las drogas y los flujos migratorios que, según él, además de su masividad, pudieran encubrir terroristas.

Llama la atención cómo la crisis tomó al gobierno desprevenido. Ella tiene dos fuerzas motrices clarísimas desde hace meses, tan obvias que fueron tema de charlas de café: 1. El carácter brutal de Trump y sus ambiciones electorales y 2. Los flujos migratorios centroamericanos. A Trump y sus alcances lo conocemos desde su campaña, hace más de dos años sabemos que para la relación bilateral es dinamita. Las migraciones centroamericanas también nos son viejas conocidas, ¿ya se nos olvidó el tren colmado de migrantes que llamaron La Bestia?

Los datos sobre migrantes dados a la televisión por la secretaria de Gobernación son de espanto. Habló de posibles 100 mil migrantes en el mes de marzo. Ante estas realidades cabe preguntar, ¿en dónde estuvo la capacidad anticipatoria y las reacciones confiables de un gobierno tan presuntuoso? Ante tantos datos inegables, ¿nadie advirtió el problema en sus reales dimensiones?

En México hubo un aparato de información, deliberación y consenso que si bien enclenque servía para obtener e intercambiar información y puntos de vista. Enclenque que fue el Consejo de Seguridad Nacional de manera colegiada aportaba criterios de múltiples orígenes y al final enriquecía las deliberaciones presidenciales.

La pregunta que se hace cualquier pensante es: esa tarea trascendental que puede involucrar efectos para los años siguientes, ¿hoy se resuelve a diario a las seis de la mañana? Si la respuesta es afirmativa preocupa por la naturaleza rudimentaria del ejercicio. Si la respuesta es negativa preocupa pues pareciera no hay espacio en el que se esté dando con la profundidad, participación y sistematización que son de orden.

El problema debe examinarse en términos de vigencia del poder de la Casa Blanca. La razón nos lleva a pensar que la pesadilla durará por lo menos dos años más, si no es que otros cuatro adicionales resultantes de una relección previsible. Ello marcaría significativamente al periodo completo de AMLO, pero no solamente en su programa sino al futuro del país.

El momento aconseja meditaciones profundas, metódicas, mucho está en juego. Las formas de ejercicio del poder desde Washington son infinitas y todas apabullantes. Sólo una gran sagacidad de AMLO o una crisis internacional nos aliviaría.

El principio central del Presidente es Amor y Paz. La esencia de ella es inteligente, no se puede jugar a las vencidas con el Polifemo amarillo pero la población desearía un poco más de formalidad. El Presidente propone serenidad y sobriedad ante los problemas para no generar alarma, pero es también verdad que no es obligadamente un oráculo motivante de fe.

No se auguran días primaverales. El cerco se estrecha y su horizonte de influencia se advierte largo. La convivencia armónica con Estados Unidos ha sido posible cuando su situación interna lo propicia y cuando hay un hombre digno en la Casa Blanca. No es el caso de los años venideros. El cerco del que sólo eventualmente nos hemos librado en el pasado lo logramos cuando nuestro país ha tenido hábiles dirigentes y con ellos concurren circunstancias universales que lo permiten. Por hoy apostemos a AMLO.

Jorge Carrillo Olea

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