El factor Tabaré

Al contrario del criterio que impera en Brasil y la Argentina, que apuestan a la militarización de la lucha contra el narco, Uruguay trazó una continuidad entre los dos últimos gobiernos del Frente Amplio, el de Pepe Mujica, que fue presidente entre 2010 y 2015, y el de Tabaré Vázquez. La prueba es el comienzo de la venta de marihuana en farmacias habilitadas. “Es la droga que más se consume en Uruguay”, explicó en Mendoza Tabaré, que ya gobernó su país entre 2005 y 2010. Y agregó durante una conferencia en la Universidad Nacional de Cuyo: “Es una realidad incontrastable que la confrontación con el narcotráfico ha sido un fracaso en todo el mundo”, por lo que sería “ilógico” seguir insistiendo en “combatir una plaga de la sociedad con las mismas herramientas que fracasaron”. 

Sin llegar a una coincidencia con la postura sobre Venezuela de Evo Morales (ver aparte), Vázquez dijo también en Cuyo, donde recibió un doctorado honoris causa, que tenía “una enorme preocupación por lo que pasa en Venezuela”. Otra frase fue: “Nos duelen en el alma las 100 muertes que hubo.” También señaló que quería “tenderle una mano de apoyo al pueblo de Venezuela y buscar ayudar a una solución pacífica”.

En su mensaje delante de los otros presidentes, ya en el Hotel Intercontinental durante la cumbre del Mercosur, Vázquez apostó por el diálogo y dijo que “no podemos aislar a Venezuela ni al pueblo venezolano”, al que “hay que tenderle una mano fraterna”.

La línea de razonamiento se completa al atender lo que fue diciendo en privado el ex vicepresidente y actual canciller Rodolfo Nin Novoa. Comentó a sus colegas que el caso venezolano podría ser abordado con un espíritu sancionatorio, colaborativo o prescindente. Por si les quedaba alguna duda también lo dijo en público, de modo que quedó comprometido. Explicó a la prensa de su país: “Uruguay no tiene ni el primero ni el tercero. Tiene el segundo, que es un espíritu de colaboración para tratar de superar la crisis que existe hoy en Venezuela, que ha llevado en el transcurso de algunos meses a una cantidad importante de fallecidos producto de manifestaciones que hay en las calles”.

La última frase sonó como un guiño a Maduro. El Palacio de Miraflores, sede del Ejecutivo, no niega la responsabilidad sobre muertes callejeras a manos de fuerzas de seguridad, aunque los organismos de derechos humanos le reprochan debilidad en las sanciones a los efectivos, pero suele repetir que parte de las víctimas se deben a la acción de terroristas con cobertura logística de la oposición o a linchamientos. El solo hecho de no sostener que todos los muertos son obra del Estado basta para separar a Uruguay de la posición común mantenida por Macri, Temer y el paraguayo Horacio Cartés.

Macri conocía esta posición de primera mano porque el jueves por la mañana se la transmitió Tabaré. Nin Novoa se la había dicho a Faurie. El canciller argentino tiene la experiencia suficiente para saber que los cuatro miembros plenos del Mercosur (la Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil) no votan sino que actúan por consenso. ¿Por qué Faurie cargó igual contra Venezuela y hasta adelantó que podría ser sancionada por el bloque? Si fue por cálculo diplomático, esa estimación falló. Si confiaba en una presión pública contra Tabaré, cada vez más cuestionado en su país por los conservadores blancos y colorados, también falló. Y si el Presidente y su ministro de Relaciones Exteriores pensaron en el rédito interno, y nada más que en eso, pagaron un costo diplomático porque el país anfitrión suele tener peso. Tercera falla que el factor Tabaré contribuyó a poner de relieve.

Martín Granovsky

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