El nuevo rostro de la globalización

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Estados Unidos intensifica la aplicación de medidas proteccionistas en el ámbito tecnológico.

Poco duró el respiro que dejó la visita del secretario de Estado estadounidense, Anthony Blinken, a Beijing esta semana, a las tensas relaciones entre ambos países. Recibido por Xi Jinping, en un encuentro que no estaba programado, la reunión dejó inicialmente la sensación de descompresión de la tirantez que prevalecía y que quedaban las puertas abiertas para futuras conversaciones. Como se recordará, estas fueron suspendidas desde febrero, cuando Estados Unidos derribó un supuesto globo espía chino.

Entre la diplomacia y la senilidad

Pero la tregua no duró mucho. Al Presidente Joe Biden no se le ocurrió mejor idea que acusar a Xi Jinping de dictador, al día siguiente del regreso de Blinken a Estados Unidos durante un evento de recolección de fondos para su campaña presidencial. Y como si ello no bastara, dijo que su par chino se sintió “muy avergonzado” cuando el presunto globo espía chino sobrevoló el espacio aéreo estadounidense a principios de año, porque el mandatario desconocía la presencia del artefacto derribado el 4 de febrero.

“Cuando no saben lo que pasa, eso supone una gran vergüenza para los dictadores. No se suponía que el globo espía fuera a parar donde estaba. Se desvió de su curso a través de Alaska y luego a través de Estados Unidos. Y él no lo sabía. Cuando fue derribado, estaba muy avergonzado. Negó que estuviera allí”, señaló Biden, después de haber dicho que China atraviesa verdaderas dificultades económicas.

Para salir de este traspié diplomático, Biden intentó luego restarle importancia a sus declaraciones al decir que espera reunirse pronto con su par chino. Pero la embajada china en Washington no lo tomó así y presentó una protesta formal. El embajador Xie Feng señaló que el gobierno estadounidense debe tomar medidas prontas para revertir el impacto negativo de las declaraciones de Biden o sufrir todas las consecuencias.

Un comunicado de dicha embajada china indicó que, con las recientes declaraciones irresponsables sobre el sistema político chino y su líder máximo, la gente no puede sino cuestionar la sinceridad de la parte estadounidense en cuanto al deseo de estabilizar las relaciones. “El gobierno y el pueblo de China no aceptan ninguna provocación política contra el líder máximo de China y responderán enfáticamente” se señala.

Asimismo, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Mao Ning, calificó las declaraciones de Biden de extremadamente absurdas e irresponsables. Aseguró que los aciertos y errores del incidente aerostático están claros, que fue un asunto de “fuerza mayor”, y reiteró la línea oficial del gobierno chino de que Washington debería haber manejado el asunto con calma y sin exageración. La portavoz añadió que los comentarios del Presidente norteamericano no reflejan la realidad, violan la dignidad política de China y son una abierta provocación política.

Bajar la tensión

Durante la visita que realizó el domingo y lunes de esta semana, el secretario de Estado reiteró que la política exterior de su país de reconocimiento de una sola China era invariable. Asimismo, dio su beneplácito al posible rol mediador de ese país en la guerra entre Rusia y Ucrania toda vez que el gobierno no había enviado armas a Rusia. El ex ministro de Relaciones Exteriores y Director de la Oficina de la Comisión Central de Asuntos Exteriores del Comité Central de Partido Comunista de China, Wang Yi, le había pedido acatar seriamente el principio de una sola China y de no abogar por la independencia de Taiwán, el mayor productor de chips del mundo.

Sin embargo, no fue condescendiente cuando Wang Yi le pidió levantar sanciones unilaterales contra su país y que no suprimiera los avances científicos y tecnológicos de China. Blinken dijo clara y rotundamente que su país no desea proporcionarles “ciertas tecnologías específicas” puesto que podrían estarse utilizando para “avanzar en su muy opaco programa de armas nucleares, construir misiles hipersónicos o usar como tecnología que puede tener fines represivos”.

Lo que sucede es que estudios de seguridad estratégica y defensa nacional realizados en 2018 por el gobierno norteamericano advertían que China quería moldear un mundo contrario a los valores e intereses estadounidenses y que, en un futuro previsible, podría ponerse al día con Estados Unidos en el campo de la tecnología de defensa.

Asimismo, mostraban especial preocupación por el desarrollo de iniciativas tecnológicas masivas como las contenidas en el plan Made in China 2025. Este es un ambicioso proyecto conducido por el Partido Comunista de China que aspira a convertir al país en los próximos años en un hub de producción de alta gama como la robótica, inteligencia artificial, computación cuántica, misiles de crucero hipersónicos, entre otros. Xi Jinping considera que la tecnología moderna es el arma afilada de un Estado moderno.

La realidad es que tanto China como Estados Unidos saben que la primacía tecnológica es clave para mantener la hegemonía mundial. Quien controle la producción de los semiconductores de alta gama, podrá desarrollarse mejor en los ámbitos de la inteligencia artificial, robótica e industria armamentista. En este marco cabe destacar la importancia de Taiwán, que no solo es estratégica en términos geopolíticos. Taiwán alberga a la mayor empresa (TSMC) fabricante de chips del mundo: 54,4% de producción global, cifra que se eleva al 92% en el caso de los chips más avanzados. La facturación de esta empresa equivale al 16% de su PBI.

Por eso desde agosto del año pasado el Presidente Biden le ha aplicado a China sanciones para evitar que adquiera este tipo de semiconductores. Además, cualquier empresa que venda chips con diseño o tecnología estadounidense no podrá comerciar con China. Las empresas que fabrican maquinarias para producir sus propios chips tampoco se las podrán vender.

Actualmente Estados Unidos está promocionando una ofensiva para atraer empresas fabricantes de chips a su territorio. La ley de chips aprobada en agosto del año pasado provee 52.000 millones de dólares en subvenciones a fábricas de semiconductores pues, según Biden, son necesarias no solo para los misiles Jabelin sino también para los sistemas armamentísticos del futuro que van a depender más de estos. El Presidente Biden dice que es preocupante que “China esté tratando de posicionarse detrás de nosotros”.

El problema con estas subvenciones es que se distorsiona el comercio internacional “libre” y se viola la institucionalidad de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Lo más grave es que se encarecen los costos que finalmente paga el consumidor.

No bastaron las medidas proteccionistas impuestas por Donald Trump al poco tiempo de asumir la presidencia a las importaciones procedentes de China –que Biden mantiene– sino que ahora se intensifica su aplicación al ámbito tecnológico. Después de haber construido durante más de tres décadas una compleja trama de encadenamientos productivos y de valor entre ambos países, que dio lugar a que su intercambio de bienes representara el 40% del comercio mundial, Trump especulaba con la idea de desacoplarse totalmente de China. Ello no ha podido ponerse en práctica puesto que resultarían perjudicadas las más de 70 empresas norteamericanas instaladas en ese país, la mayoría de las cuales son las transnacionales más grandes del mundo.

Tampoco quedó exento el ámbito tecnológico en tiempos de Trump. Bajo su gobierno, Estados Unidos empezó a arremeter contra el desarrollo de redes de tecnología de quinta generación (5G) de la empresa china Huawei, la mayor proveedora de equipos de telecomunicaciones en el mundo. Las autoridades advertían a sus aliados que utilizar la tecnología 5G de Huawei en sus territorios ponía en riesgo a la OTAN. El argumento utilizado era que se trataba de un “caballo de Troya” que proporcionaría los datos de todos los usuarios al Partido Comunista Chino y a su servicio secreto.

La razón esgrimida es la seguridad. Hoy, bajo el paraguas de la seguridad, se pueden imponer medidas proteccionistas y administrar el comercio y otras medidas claves que estuvieron vigentes desde el fin de la segunda guerra mundial. Lejos han quedado los tiempos en los que se buscaba la eficiencia y la rentabilidad.

Estados Unidos está imprimiendo un nuevo rostro a la globalización y la está redefiniendo no sólo mediante medidas proteccionistas sino a través de una recomposición de las cadenas de proveedores en países cercanos (nearshoring) o que sean aliados (friendshoring). El gobierno busca “desacoplar” la economía estadounidense de la china, pero las propias empresas del país del Norte invocan a no desligarlas pues ello tendría resultados catastróficos que terminarían pagando los consumidores.

En el nuevo rostro de la globalización, la tecnología se ha convertido en el principal punto de división del poder mundial, en la que los países se alinean detrás de los contrincantes, o mantienen una incómoda neutralidad que los lleva a caminar por el filo de una navaja.

Ariela Ruiz Caro

Ariela Ruiz Caro: Economista por la Universidad Humboldt de Berlín con maestría en procesos de integración económica por la Universidad de Buenos Aires, y consultora internacional en temas de comercio, integración y recursos naturales en la CEPAL, Sistema Económico Latinoamericano (SELA), Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL), entre otros. Ha sido funcionaria de la Comunidad Andina entre 1985 y 1994, asesora de la Comisión de Representantes Permanentes del MERCOSUR entre 2006 y 2008 y Agregada Económica de la Embajada de Perú en Argentina entre 2010 y 2015. Es analista del Programa de las Américas para la región andina/cono sur.

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