En medio de negociaciones para resolver la situación en la provincia de Idleb, último bastión organizado de los terroristas en Siria, esta nación del Levante sufre desde hace dos días sucesivos ataques de la aviación israelí.

Al mismo tiempo, Estados Unidos y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN) estrechan el cerco con una flota de más de 12 buques que acumulan no menos de 200 misiles cruceros en el Mediterráneo Oriental.

Mientras esto ocurre, los presidentes de Rusia, Vladimir Putin y Turquía, Recep Tayyib Erdogan, sostuvieron dos reuniones en menos de una semana para ‘definir’ la aguda situación en Idleb.

Tras horas intensas de negociación, se logró el acuerdo de crear una zona desmilitarizada de entre 15 y 20 kilómetros entre las fuerzas del Ejército sirio y los grupos extremistas en toda la frontera administrativa entre Idlib y las de Hama y Alepo, al este.

A su vez, el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, dijo que no habrá una operación militar contra la oposición armada en Idlib y que los detalles al respecto se acordarán con Damasco en las próximas horas.

Los más recientes acontecimientos, sobre todo los ataques en áreas cercanas al aeropuerto internacional de la capital siria y el bombardeo de cazas F 16 del régimen sionista en Latakia, 350 kilómetros al noreste de Damasco, enrarecen sin embargo, el ya tenso ambiente en la región.

Para los medios occidentales de comunicación y algunos en el Medio Oriente, esas son noticias soslayadas con apenas repercusión mediática e insisten en satanizar al gobierno sirio y sus Fuerzas Armadas.

No existe una sola censura a la actuación de Tel Aviv, cuyo régimen por otro lado, se niega a comentar cualquier hecho y asume como siempre, una actitud prepotente y de casi absoluta impunidad con el respaldo implícito y explícito de Washington.

Casi al mismo tiempo, desde Washington, con el apoyo del Reino Unido y Francia, se emplean todos los mecanismo de presión no para disminuir tensiones sino para aumentarlas como nunca antes en un conflicto de amplia repercusión internacional.

Todo ocurre cuando Siria recupera territorios de manos de los terroristas, avanza en la reconstrucción de la nación e intenta paliar el horror y el espanto de más de seis años de guerra con el terrible saldo de más de medio millón de muertos y mutilados y pérdidas económicas por más de 200 mil millones de dólares.

Pedro García Hernández

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