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En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el candidato del Partido Social Liberal (PSL) de línea dura, Jair Bolsonaro, derrotó al aspirante del Partido Obrero (PT) Fernando Haddad con un 55% de los votos.

Bolsonaro sucederá a Michel Temer, ungido por Estados Unidos, como presidente interino después del golpe de Estado orquestado por el régimen de Obama, derrocando a la presidenta brasileña elegida democráticamente, Dilma Rousseff, y reemplazándola por un gobierno fascista ilegítimo, que ahora continuará con Bolsonaro.

En un artículo anterior expliqué que su campaña electoral impulsaba abiertamente una retórica fascista, sexista, racista y homofóbica.

Su general de carrera, el general retirado Hamilton Mourao, sugirió que era posible dar un golpe militar, y agregó que existían “planes muy bien elaborados” para que los militares intervinieran en contra de lo que él llamó “actos ilícitos”.

Él y Bolsonaro elogiaron la dictadura militar de 1964 a 1985, un período oscuro en el que innumerables críticos del régimen fueron secuestrados y asesinados.

De acuerdo con Bolsonaro, los antiguos déspotas militares brasileños no fueron “lo suficientemente lejos” para borrar a los críticos del régimen.

Es abiertamente anti-indígenas, anti-negros; anti-gays, incluso incita a padres de familia a golpear a sus hijos homosexuales.

Él asumirá el cargo por un período de cuatro años a partir del 1 de enero como el presidente de Brasil número 38, un ex oficial militar convertido en político de línea dura, que seguramente será uno de los favoritos de Estados Unidos.

Será un gobernante de línea dura, encabezará un gobierno dictatorial, promotor de la voracidad del libre mercado, un neoliberal radical, a favor de la portación de armas, a favor de la tortura, antipopular, y en contra de la equidad y la justicia para todos los brasileños.

Según el historiador Pablo Meriguet, Bolsonaro representa “un peligro para los procesos democráticos … es de extrema derecha”, y agrega:

Es probable que su agenda económica sea “agresiva”, neoliberal, sin ética…un Estado absolutamente represivo para beneficiar a las capas más poderosas “a expensas de los brasileños de a pie”.

Su ascenso al poder “significa la consolidación de un nuevo modelo político en el que el uso del odio y el miedo son clave para generar apoyo político …”

Gobernar de esta manera “podría causar una crisis muy grave en Brasil. (Es) abiertamente intolerante, y eso puede tener repercusiones muy serias “en una nación que ya es muy desigual”.

Su gobierno extremista conllevará repercusiones potencialmente graves. “Me refiero a los peligros reales de la guerra”, expresó Meriguet.

La participación del domingo apenas superó un 70%, casi un 29% de los brasileños elegibles que no votaron o sus votos fueron marcados como nulos.

Considerado por muchos como un “Trump brasileño”, o un “Trump tropical” por algunos medios de comunicación, Bolsonaro llegó a decir que el presidente de Estados Unidos le sirve de inspiración.

Es pro-israelí, anti-palestino; promete trasladar la embajada de Brasil en Israel a Jerusalén y cerrar la oficina de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Brasil.

Trump lo felicitó por su triunfo y prometió trabajar codo a codo con él, según la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders.

“Vamos a cambiar el destino de Brasil”, prometió Bolsonaro, lo que no dijo es que será en perjuicio de la gran mayoría de su pueblo.

Stephen Lendman

Stephen Lendman: Investigador asociado del Centro de Investigación sobre la Globalización (Global Research), es también corresponsal en Chicago.

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Artículo original en inglés:

Fascism Triumphs in Brazilian Presidential Election, publicado el 30 de octubre de 2018.

Traducido por Ariel Noyola Rodríguez para el Centro de Investigación sobre la Globalización (Global Research).

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