La elección de Hamás entre reconocimiento o resistencia en la era Obama

En un importante discurso político pronunciado el 25 de junio de 2009 Khaled Meshal, director de la oficina política de Hámas, trató de hacer lo que puede parecer imposible: presentar a la organización de la resistencia islámica palestina como socio un bien dispuesto en un proceso de paz dirigido por Estados Unidos al tiempo que mantiene los principios y base políticos de su movimientos [1].

Éste es el dilema al que cada liderazgo palestino y quizá casi cada movimiento de liberación ha tenido que acabar enfrentándose. Como ha señalado el politólogo Tamim Barghouti, se trata de la elección entre reconocimiento o legitimidad [2]. Según Barghouti, cuando el liderazgo de la vieja guardia de la OLP se enfrentó al mismo dilema, eligió el reconocimiento y perdió su legitimidad, lo que abrió el camino para la emergencia de Hamás. Ahora le toca a Hamás: el precio elegido por Estados Unidos y sus aliados para que Hamás sea considerado un interlocutor es el abandono de los mismos principios sobre los que el movimiento ha construido su apoyo de masas.

El discurso de Meshal de casi una hora de duración “dirigido al pueblo palestino y al mundo” se anunció como una respuesta a los discurso de Obama en El Cairo y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu a principios de junio.

En su discurso de El Cairo Obama pidió a estadounidenses y musulmanes que se comprometieran en un “esfuerzo continuo para escucharse mutuamente, para aprender mutuamente, para respetarse mutuamente y para buscar un terreno común”. Si hablaba en serio, él (y otros) debería prestar mucha atención a lo que Hamás está diciendo a las audiencias internas, regionales e internacionales. Los objetivos de Meshal (en fuerte tensión) eran mostrar que su movimiento está dispuesto a negociar con Estados Unidos, a establecer las líneas rojas políticas, a tranquilizar a quienes apoyan al movimiento y a los palestinos en general, y a ocuparse de las divisiones internas palestinas.

En primer lugar, el discurso buscaba presentar a Hamás como un movimiento nacionalista cuyo islamismo encaja con una corriente principal del consenso palestino. Meshal empleó un mensaje explícitamente ecuménico para contrarrestar las reivindicaciones de naturaleza exclusivamente judías de Netanyahu a la tierra de Palestina. Según Meshal, las raíces palestinas Palestinians se remontan a miles de años “en esta bendita tierra de profetas y mensajes, el de la ascensión nocturna [de Mahoma], el de los santos lugares musulmanes y cristianos, la Mezquita al-Aqsa, la Cúpula de la Roca, la Iglesia de la Natividad y la Iglesia del Santo Sepulcro”.

De forma más general, buscó presentar a los musulmanes como representantes de los mismos valores que más afirman apreciar los occidentales y disociar a Hamás de comparaciones escabrosas y falsas con grupos como los talibán. “Nosotros [los musulmanes] somos quienes presentamos al mundo y a la humanidad la ciencia, la civilización, la cultura y los grandes valores humanos”, afirmó Meshal. “Valores como la justicia, la libertad, la igualdad, la compasión y la tolerancia, y los valores de interacción entre civilizaciones y de no confrontación entre ellas”.

Meshal se alegró del “cambio de tono” del presidente Obama, pero insistió repetidamente en que lo único importante sería un cambio de política. Con todo, afirmó que el cambio era fruto de la “firme tenacidad de los pueblos de la región mientras resisten en Palestina, Líbano, Iraq y Afganistán”. Según Meshal, esta resistencia frustró los planes de dominación regional de la administración ex-presidente de Estados Unidos George W. Bush y llevó a los votantes estadounidenses a buscar un camino diferente para sacar a su país de crisis y atolladeros cada vez mayores.

Censuró a los dirigentes regionales que “han promocionado y hecho marketing” de las políticas de Bush. “Si los pueblos de la zona les hubieran hecho caso”, afirmó Meshal, “las políticas de Bush y de los neoconservadores podían haber tenido éxito y la situación de la zona sería peor de lo que se pudiera imaginar”. Meshal se hizo eco del escepticismo generalizado y quizá de la esperanza de que las promesas de Obama equivalgan a algo más que a las palabras similares sobre Palestina oídas a la administración Bush.

En respuesta a la lección de historia de Obama, Meshal no trató de negar el Holocausto nazi sino de apropiárselo. Llamó la atención a Obama por detenerse minuciosamente en “el sufrimiento de los judíos y en su holocausto en Europa al tiempo que ignoraba nuestro actual sufrimiento y el holocausto de Israel contra el pueblo palestino que ha sido continuo durante décadas”.

Meshal insistió en que aun cuando los palestinos sólo hayan oído palabras, estaban dispuestos a juzgar a Estados Unidos por sus acciones, que “deberían empezar por la reconstrucción de Gaza y el levantamiento del bloqueo, el fin de la opresión y de la presión por la seguridad en Cisjordania y permitir que la reconciliación palestina siga su curso sin presiones o interferencias externas”.

Lo “único” que puede convencer a los palestinos, árabes y musulmanes, afirmó Meshal, “es la voluntad y los esfuerzos genuinos estadounidense e internacional de acabar con la ocupación y levantar la opresión de nuestro pueblo, permitirle ejercer su derecho a la autodeterminación y realizar sus derechos nacionales”. “Cuando la administración Obama tome esta iniciativa”, afirmó Meshal, “entonces nosotros y todas la fuerzas de nuestro pueblo estaremos dispuestos a cooperar con ella y con cualquier esfuerzo internacional en esta dirección”.

Meshal subrayó que “el nuevo lenguaje de Obama respecto a Hamás es el primer paso en la dirección correcta hacia el diálogo directo sin condiciones”. Y éste es punto crucial. Meshal afirmó la negociación con Hamás se debe basar en el reconocimiento de su mandato democrático y no a través de la imposición de condiciones arbitrarias como las del Cuarteto, que piden al movimiento que reconozca a Israel, abandone la violencia y reconozca acuerdos previos ya firmados.

Meshal reafirmó las líneas rojas políticas de Hamás al tiempo que mantenía un sentido de flexibilidad. En particular, Meshal:

– Rechazó el Estado palestino concebido por el dirigente israelí por ser “una entidad deforme, una enorme prisión para la detención y el sufrimiento, y no el hogar nacional que un gran pueblo merece”.

– Rechazó la exigencia de Israel de ser reconocido como un “Estado judío” — y lazó una advertencia en contra de toda aquiescencia árabe o palestina– “porque significa suprimir el derecho al retorno de los seis millones de refugiados y la expulsión forzosa de nuestro pueblo de sus ciudades y pueblos en las zonas de 1948 [a los ciudadanos palestino de Israel]”. Según Meshal, la exigencia de Israel no es diferente de las exigencias racistas hechas por los fascistas de Italia y por los nazis.

– Reafirmó la aceptación previa por parte de Hamás del “programa que represente las demandas mínimas de nuestro pueblo” para “el establecimiento de un Estado palestino cuya capital es Jerusalén, con soberanía completa dentro de las fronteras del 4 de junio de 1967, tras la retirada de las fuerzas de ocupación y el desmantelamiento de todos los asentamientos, y el cumplimiento del Derecho al Retorno”.

– Reafirmó que “el Derecho de los refugiados al Retorno a sus casas de las que fueron expulsados en 1948 es un derecho nacional y un derecho individual que poseen personalmente” los refugiados “y ningún dirigente o negociador puede renunciar a él o cederlo”.

Meshal también ofreció una respuesta detallada al llamamiento de Obama a los palestinos a abandonar el “callejón sin salida” de la violencia en favor de una resistencia no violenta. “Afirmamos nuestra adhesión a la resistencia como una opción estratégica para liberar la patria y restaurar nuestros derechos”, dijo Meshal y citó la resistencia armada europea a la Alemania nazi, la resistencia estadounidense al dominio británico y las luchas anti-coloniales vietnamita y sudafricana como precedentes para los palestinos.

“La resistencia no violenta es apropiada en la lucha por los derechos civiles”, argumentó Meshal, “pero cuando se trata de una ocupación militar que utiliza armas convencionales y no convencionales, sólo se puede hacer frente a una ocupación así con resistencia armada”. Los palestinos fueron obligados a tomar las armas, dijo Meshal. También podía haber insinuado que si los palestinos cambiaran la definición de su lucha por una lucha por derechos civiles, entonces también cambiarían los medios adecuados de resistencia.

“La resistencia es un medio, no un fin”, afirmó Meshal, “y no es ciega. En efecto, percibe los cambios en curso”. Sin embargo, mientras que defendía incondicionalmente el derecho a la resistencia armada (e incluso amenazaba con nuevas operaciones para tomar prisioneros a soldados palestinos si éste era el único camino para liberar a los prisioneros palestinos), Meshal reconoció también otras formas de lucha. Exigió mayores esfuerzos palestinos, árabes e internacionales, incluyendo los esfuerzos actuales por romper el asedio a Gaza, para resistir al Muro del apartheid y a los asentamientos, y para impedir las demoliciones de casas y la “judaización” en Jerusalén.

Para los dirigentes de Hamás, los peligros de someterse a las condiciones previas occidentales se pueden ver simplemente con mirar la trayectoria de los dirigentes de la OLP que en 1993 reconocieron a Israel, renunciaron a la lucha armada y firmaron los Acuerdos de Oslo. Meshal argumentó que desde entonces se intensificaron la ocupación y su opresión mientras crecía el número de asentamientos israelíes y de prisioneros palestinos.

Como expuso Meshal, “estas condiciones nunca acaban; en cuanto un negociador palestino acepta una, se imponen más condiciones. Por ejemplo, primero la condición era reconocer a Israel, ahora es reconocer la condición de judío de Israel. Luego que Jerusalén es su capital eterna, abandonar el derecho al retorno, aceptar que permanezca el bloque de asentamientos. A continuación [los palestinos] no sólo deben abandonar la resistencia sino trabajar ellos mismos para oprimir, perseguir y desarmar a la resistencia”.

Este último punto hacía referencia a la campaña de detenciones en Cisjordania que Meshal denominó otra “medida represiva tomada por la Autoridad [Palestina] y el gobierno de Salam Fayyad y sus fuerzas de seguridad bajo supervisión del general estadounidense [Keith] Dayton”. Meshal presentó esta campaña en curso de cooperación entre las fuerzas de seguridad de Ramala, Israel y Estados Unidos como el mayor obstáculo para las conversaciones de reconciliación palestina celebradas en El Cairo con el objetivo de restaurar una dirigencia palestina unida.

Después de que Hamás ganara las elecciones legislativas en 2006 la administración Bush empezó un programa supervisado por Dayton para armar y adiestrar a milicias anti-Hamás nominalmente leales al presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas. La campaña ha ido acompañada de lo que Hamás y algunos grupos de derechos humanos han descrito como una sistemática ofensiva contra políticos, profesores, organizaciones de beneficencia y periodistas sospechosos de simpatizar con Hamás o de tener vínculos con ella. Con frecuencia Hamás ha respondido deteniendo a individuos vinculados a Fatah en Gaza. En las últimas semanas, las milicias supervisadas por Dayton han asesinado a varios miembros de Hamás en Cisjordania supuestamente cuando trataba de detenerlos*. De manera inteligente Meshal llamó la atención sobre el papel exterior en alimentar las divisiones palestinos y lo poco que en realidad ha cambiado verdaderamente respecto a la administración Bush “pidiendo a Obama que retire a Dayton de Cisjordania y le haga volver a Estados Unidos de acuerdo con el nuevo espíritu de cambio”.

A lo largo todo el discurso Meshal buscó tranquilizar a los palestinos sobre el hecho de que Hamás no va a abandonar sus principios fundamentales en busca de reconocimiento y de poder. “La tierra es más importante que la autoridad, y la liberación es anterior a un Estado”, afirmó en un momento dado, y “ningún dirigente palestino tiene derecho a renunciar a los derechos nacionales palestinos a costa del reconocimiento”.

A algunos palestinos les preocupa que a pesar de estas palabras tranquilizadoras Hamás ya haya emprendido el mismo camino contra el que Meshal advertía y el peligro de dilapidar los sacrificios que han hecho los palestinos, especialmente en Gaza. Haidar Eid, un analista independiente de Gaza, escribió antes del discurso de Meshal que algunas de las primeras respuestas entusiastas de Hamás al discurso de Obama en El Cairo, así como la aceptación de la solución de los dos Estados indicaban “el inicio de un proceso de deterioro, incluso de oslización, no sólo en la retórica, sino también en la acción”. Este escritor ha escuchado temores similares expresados por palestinos de Cisjordania y recientemente en Amman. Teniendo en cuenta que muchos palestinos consideran que una generación anterior de dirigentes de la resistencia ha dado la espalda a los derechos e intereses más fundamentales de su pueblo al tiempo que afirmaban mantenerlos, estos temores están lejos de ser irracionales o poco comunes.

Otro análisis de giro de Hamás que circula actualmente argumenta que Hamás ha aceptado la postura de “consenso” palestino de una solución de dos Estados en cada pulgada de los territorios ocupados en 1967 con la supresión de todos los asentamientos y con el Derecho al Retorno. Pero sabe que ningún potencial acuerdo de paz procedente de la iniciativa de Obama nunca alcanzará ni siquiera estas condiciones mínimas y que si Abbas y el primer ministro israelí no lograron siquiera llegar a esbozar un acuerdo tras dos años de negociaciones, las posibilidades de cualquier acuerdo con un gobierno de Netanyahu-Lieberman son aún más débiles. En semejante escenario Hamás no necesita permanecer en la vía de una solución de dos Estados porque fracasará de todos modos. Pero diciendo que aceptaría esta solución mínima evitaría que le culpen del fracaso y se confirmaría su adhesión a la resistencia.

Lo que sí sabemos es que los dirigentes de Hamás, y los palestinos en general, han sido sometidos a una fuerte presión, ocupación, bloqueo, asedios por hambre y a los reiterados crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad israelíes, y hasta el momento la mayoría no ha cedido a las condiciones israelíes. Pero mientras que insiste en el papel de la resistencia y de la lucha para lograr la liberación, Hamás no ha ofrecido una clara visión de qué representa la liberación que no sea la poco convincente y cada vez menos realista visión de los dos Estados (aparte de su larga carta desfasada y muy citada que no ofrece una guía alguna para el pensamiento actual del movimiento).

El discurso de Meshal confirma el antiguo giro a largo plazo de Hamás desde su retórica islámica hacia la corriente principal del discurso nacional palestino. Indica que Hamás es muy sensible a la opinión pública palestina e internacional, y es consciente de que los palestinos necesitan construir una verdadera solidaridad internacional como parte de una estrategia para nivelar el flagrante desequilibrio de poder con Israel. Pero no está dispuesto a buscar el reconocimiento a cualquier precio. Todo esto tiene consecuencias para el mensaje y los métodos del movimiento.

Esto deja abierto el campo para un debate urgente entre los palestinos acerca de cuál debería ser esa futura visión y de qué papel debería desempeñar la resistencia en todas sus legítimas formas. Ningún grupo de dirigentes, ya sean de Hamás o de otra organización, debería asumir el fardo de restaurar los derechos de los palestinos por sí mismo. Hamás, como las demás organizaciones palestinas, sólo puede ser el guardián de derechos fundamentales en la medida en que está embarcado en un movimiento más amplio movilizado en Palestina y en el extranjero para defender estos derechos.

Y si los potenciales interlocutores de Hamás están buscando sinceramente las vías de reconocer el mandato democrático del movimiento sin tratar de obligarle a perder su legitimidad, existen precedentes de ello. Tanto el Congreso Nacional Africano como el IRA irlandés fueron capaces de participar en negociaciones políticas que acabaron con éxito y que sacaron a sus respectivos países de un desastroso impasse politico y militar sin que se les exigiera aceptar unas condiciones previas inadmisibles. Esto requirió una cantidad de liderazgo, de visión de futuro y de valentía política tomo por parte de los otros que han estado notablemente ausente en los tratos internacionales con Hamás.

Notas:

[1] El discurso está en árabe. Todos los extractos citados en este artículo han sido traducidos al inglés por el autor. Se puede consultar la transcripción y grabación del discurso en el Palestinian Information Center, una página web afiliada a Hamás. Véase: http://bit.ly/mK7kS.

[2] En una ponencia pronunciada en el Simposio Anual del Centro para Estudios Árabes Contemporáneos en la Facultad de Asuntos Exteriores de la Universidad de Georgetown sobre el tema “Palestina y los palestinos hoy”, 2-3 de abril de 2009, Washington, DC.

* N. de la t.: Recordemos que este artículo se escribió el 6 de julio. Sobre esta ofensiva y estos asesinatos véase “La Autoridad Palestina utiliza la ayuda exterior para pisotear los derechos humanos y las libertades civiles”, Khalid Amayreh. 

Enlace con el original: http://electronicintifada.net/v2/article10647.shtml

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

Co-fundador de The Electronic Intifada, Ali Abunimah es autor de One Country: A Bold Proposal to End the Israeli-Palestinian Impasse. Este análisis fue publicado originalmente por The Palestine Center.

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