La lección de Hiroshima y Nagasaki

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El 1° de agosto, día que los pueblos originarios dedican a la Madre Tierra (Pacha Mama), se inauguró en la ONU la X Conferencia del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), que se desarrolla en Nueva York y se extenderá hasta el 26 de agosto. Esta vez, la presidencia le corresponde a Argentina.

También es argentino Rafael Grossi, Director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica, ente encargado de monitorear los acuerdos, y particularmente tirado por la chaqueta en el conflicto de Ucrania por las denuncias de Estados Unidos contra Rusia sobre las centrales nucleares. Rusia es un importante productor y exportador de combustible nuclear. La mayor parte del uranio se extrae en Khazakistán. Alrededor de una cuarta parte del uranio utilizado por Europa proviene de Rusia

La conferencia para evaluar el TNP se lleva a cabo cada 5 años y se suponía que tendría lugar en 2020, pero se pospuso debido a covid-19. El TNP, aprobado por la ONU en 1968, entró en vigor el 1970, y es vinculante. Hoy incluye 191 estados, comenzando por las 5 potencias nucleares firmantes, Estados Unidos, Rusia, Francia, China y el Reino Unido -los 5 ganadores de la Segunda Guerra Mundial y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU- y los otros 3 miembros que no firmaron -India, Pakistán, Israel-, o que firmaron y luego denunciaron el acuerdo, como Corea del Norte.

El objetivo del Tratado es prevenir la proliferación de armas nucleares y tecnología bélica relacionada, promover la cooperación y el uso de la energía nuclear con fines pacíficos y llegar al desarme nuclear y el desarme total. Los estados tienen prohibido adquirir armas nucleares y las potencias que ya las poseen no pueden transferirlas a otros. Sin embargo, Israel, India y Pakistán no han firmado el TNP, por lo que no están obligados a respetarlo. Además, los países miembros de la OTAN albergan ojivas nucleares de aliados, principalmente de Estados Unidos, en su territorio. En Italia, se estima que hay más de cien, de un total estimado en 13.000, segun datos de Antonio Guterres, secretario general de la ONU, bombas retenidas en arsenales de todo el mundo.

Para Antonio Guterres, «un error de cálculo basta para provocar un holocausto», ya que el peligro nuclear está más presente que «en plena Guerra Fría». El mundo -dijo- se ha visto estresado por la «crisis climática, las graves desigualdades, los conflictos y las violaciones de los derechos humanos, así como la devastación personal y económica provocada por la pandemia de la Covid-19».

Sin embargo, agregó el diplomático portugués, las tensiones geopolíticas están alcanzando nuevos peligrosos niveles, la competencia se impone a la cooperación y la desconfianza ha reemplazado al diálogo. “La humanidad -denunció Guterres- corre el riesgo de olvidar las lecciones que dejaron los terribles incendios de Hiroshima y Nagasaki”.

El 6 de agosto de 1945, eran exactamente las 8.15 de la mañana cuando el bombardero estadounidense Enola Gay, pilotado por el comandante Paul Tibbets, lanzó la primera bomba nuclear de la historia sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, matando de un solo golpe a más de 100.000 personas, y causando un sufrimiento indescriptible a los sobrevivientes. El 9 de agosto, un segundo ataque similar en Nagasaki. Fue al final de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la era atómica. Hace dos años, la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (Redh) propuso que el 6 de agosto sea declarado Día de los Crímenes de Lesa Humanidad Cometidos por Estados Unidos. Una propuesta que está más vigente que nunca.

El peligro de una guerra nuclear hoy existe -dijo el presidente ruso Vladimir Putin en un mensaje enviado a la X Conferencia- y hay que evitarlo porque en una guerra nuclear «no habría ganadores». Respondiendo indirectamente a las acusaciones del gobierno estadounidense y sus aliados europeos, Putin aseguró que Moscú ha seguido, «en la letra y en el espíritu», las indicaciones vinculantes del TNP, cuyo acuerdo debe reforzarse.

Vietnam, uno de los primeros signatarios del Tratado, también reiteró lo mismo, recordando que los países que poseen armas nucleares tienen la principal responsabilidad en promover el desarme de sus arsenales. Hanoi ha cumplido «con seriedad y responsabilidad» los compromisos adquiridos en virtud del TNP, así como otros compromisos relacionados en el ámbito internacional, incluida la promoción del Tratado de la Zona Libre de Armas Nucleares del Sudeste Asiático (Seanwfz) y las resoluciones emitidas al respecto por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Las declaraciones de Israel son bastante diferentes, aunque no admiten abiertamente tener la bomba nuclear. En una ceremonia para asumir el liderazgo de la Comisión de Energía Atómica, el primer ministro Yair Lapid aludió a las «diferentes capacidades» que tiene Israel para «protegerse de las amenazas regionales». El ex primer ministro Naftali Bennett por su parte afirmó: “Hace un año adoptamos una serie de decisiones cuyo propósito era perfeccionar nuestra capacidad de medirnos con la potencia nuclear iraní. Hicimos uso de ingentes recursos para cerrar brechas que no nos dejaban dormir. Los iraníes están progresando, pero los aparatos israelíes también están trabajando a pleno rendimiento este año”.

Pero si nadie pide cuentas de la arrogancia israelí, la actitud de los EE.UU. hacia los países no bienvenidos por su gendarme en el Medio Oriente es bastante diferente. También en la agenda de la X Conferencia está el relanzamiento del acuerdo nuclear iraní de 2015. Las conversaciones entre Irán, Rusia, China, Francia, Gran Bretaña y Alemania, interrumpidas en marzo pasado, se reanudaron ahora en Viena, Austria, coordinadas por la Unión Europea, en presencia del enviado especial de Estados Unidos para Irán, Robert Malley, y sobre la base de un texto presentado por el alto representante para la política exterior de la UE, Josep Borrell. En la X Conferencia, Teherán dijo que, a pesar de tener la capacidad, no considera hoy como prioridad construir la bomba nuclear, y recordó los principios del TNP.

China es la única de las grandes potencias del TNP que se ha adherido, desde 1964, al No first use (Nfu), el principio según el cual una potencia nuclear se compromete a no utilizar armas nucleares como medio de guerra a menos que no sea agredido primero por un país enemigo con armas nucleares. Un concepto también aplicado a la guerra química. Los EE.UU. y la OTAN, por otro lado, siempre han rechazado los principios de la Nfu, manteniendo el ataque nuclear preventivo como una opción clave, utilizada como un «disuasivo» contra la entonces Unión Soviética, que se unió a la Nfu en 1982, y luego contra las «nuevas amenazas».

Dado el papel creciente del complejo militar-industrial en el modelo capitalista, imperante a nivel mundial, y dada la asimetría existente en las relaciones internacionales, la declaración del TNP está destinada a quedarse casi en el papel. Detrás de las declaraciones de principio, los poderosos intentaran traer por la ventana lo que de hecho está prohibido por la ley. Y, también en esta ocasión, para alzar la voz y dar lecciones de desarme, están los principales impulsores de los conflictos bélicos a nivel internacional: Estados Unidos.

Bajo la prueba de la realidad -los intereses económicos y el poder- caen las máscaras de la democracia burguesa, emerge el verdadero rostro del «pacifismo de guerra» y el del «capitalismo verde», muy evidentes en Europa frente al conflicto en Ucrania. El 6 de julio, el Parlamento Europeo incluyó, aunque bajo ciertas condiciones, la energía nuclear y el gas en la lista de fuentes de energía que recibirán financiación del llamado Pacto Verde Europeo, considerándolas parte de la «transición energética».

Según el informe Nuclear Power and Secure Energy Transitions, la energía nuclear, bajo ciertas condiciones económicas, políticas y sociales, puede ser una fuente de electricidad de bajas emisiones que puede complementar las energías renovables hasta en un 10%. Sin embargo, dice el informe, el crecimiento nuclear llegará en gran medida de los mercados emergentes, comenzando por China, y las economías menos avanzadas. Teniendo en cuenta el calendario de construcción de las nuevas plantas, el objetivo europeo de reducir las emisiones de CO2 a más de la mitad para 2030 no se alcanzará en ningún caso mediante la explotación de la energía nuclear.

La mayoría de los nuevos reactores que entrarán en funcionamiento en los países occidentales servirán principalmente para sustituir a los que han llegado al final del ciclo y tendrán que ser cerrados. La edad media de las centrales nucleares, que en China es de 5 años y en India de 15, en Estados Unidos alcanza los 36 años y en Europa 38. Y luego están los costes: en 2050, la electricidad producida por la energía nuclear occidental será 3-4 veces más cara que la producida por la energía solar y eólica. Por no hablar de los riesgos y el problema de la eliminación de residuos. Pero los defensores de la energía nuclear prefirieron ver el vaso medio lleno en el informe, también para demostrar que podían prescindir de los suministros rusos y difundir el cuento deseado por el campo atlántico.

Tras el desastre de Fukushima, en 2011, Alemania había decidido cerrar progresivamente las 23 centrales nucleares ante el 31 de diciembre de 2022. Para paliar la crisis energética y el corte del suministro de gas ruso, del que Alemania depende mucho y que se utiliza no solo para calefacción, sino también para producir electricidad, los Verdes alemanes fueron invitados por Bruselas a «salir de la ideología»: posponer el cierre de las centrales nucleares, y también reactivar las de carbón.

Las tres últimas centrales nucleares que permanecen en funcionamiento ahora podrían seguir haciéndolo más allá del límite establecido, y bajo la presión de otros países europeos y de Estados Unidos, ni siquiera se descarta la reactivación de otras centrales que han sido cerradas. En Europa, Francia y Reino Unido ya han anunciado nuevas inversiones para los próximos años.

En la X Conferencia de Revisión del TNP, el Canciller argentino Santiago Cafiero participó en importantes reuniones de alto nivel sobre la seguridad de los sitios nucleares en riesgo a partir de los Siete Pilares propuestos por su conciudadano Grossi. “Argentina -dijo Cafiero- tiene una trayectoria consolidada de más de siete décadas en el campo de las actividades nucleares con fines pacíficos, y opera con seguridad en sus instalaciones de uso civil. Seguirá trabajando con aquellos Estados que buscan la energía nuclear segura, como elemento clave para el desarrollo armónico de los pueblos y como garantía de la paz y la seguridad internacionales”.

En Venezuela, luego del desastre de Fukushima, el Comandante Chávez decidió congelar todos los proyectos de desarrollo nuclear civil planificados con Rusia y China.

Hoy, el debate está lejos de estar resuelto.

Geraldina Colotti

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