La vacuna contra el COVID-19 no escapa a la lucha por el poder global

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El pasado 22 de mayo, China dio a conocer al mundo que su vacuna experimental contra el COVID-19 superó la fase uno de ensayo clínico con éxito. Es decir, con la prueba en 108 personas demostró ser segura, bien tolerada y capaz de generar anticuerpos específicos contra el virus después de 14 días de haberse aplicado, según una publicación en la revista médica The Lancet.

Si bien es un paso importante, Wei Chen, profesor del Instituto de Biotecnología de Pekín y encargado de la investigación advirtió que la capacidad de generar respuesta inmune no necesariamente significa que la vacuna protegerá del virus ni que ésta podrá estar lista pronto pues al menos hacen falta 6 meses de pruebas. (La Jornada, 23/05/2020).

El anuncio del gigante asiático eleva la puja por generar una vacuna contra el virus responsable de la actual contingencia sanitaria global y se circunscribe en una dinámica de poder que trasciende a los términos estrictamente médicos.

Por un lado, demuestra el grado de sofisticación alcanzado por los grandes institutos de investigación chinos, como el citado de Biotecnología de Pekín.

Por el otro, aumenta la presión para que occidente logre generar primero la vacuna. No sólo por prestigio, sobre todo por ganancias. Hace unos días, el mandatario chino Xi Jinping afirmó a la OMS que su país destinará hasta 2 mil millones de dólares para la lucha contra el coronavirus y la eventual vacuna que alcancen será un bien público mundial, «el regalo chino a la humanidad». (El Universal, 18/05/2020).

Esta declaración es un contraste total con la posición de las farmacéuticas en occidente. Según han expresado algunos eurodiputados y organizaciones sin fines de lucro como Médicos Sin Fronteras, la Unión Europea ha destinado millonarios fondos para la investigación de una eventual vacuna pero no se han tomado las medidas necesarias para evitar que el resultado se convierta en un monopolio privado, llevando a que la farmacéutica que logre generar exitosamente la vacuna pueda patentarla e imponer a su gusto el precio de venta. (EuroNews, 29/04/2020).

A lo anterior, se han sumado las denuncias por «piratería» que están practicando los países y las farmacéuticas en la carrera por llegar primero a la vacuna. Según el diario alemán Welt, Washington habría ofrecido exorbitantes cantidades a la empresa biofarmacéutica alemana CureVac para asegurar que sus eventuales resultados lleguen de forma exclusiva a su país, hecho que habría generado fricciones con Berlín que busca asegurarse la eventual licencia para toda Europa. (Welt, 15/03/2020).

La decisión china de liberar su eventual vacuna contra el COVID-19, ¿será la respuesta a las acusaciones y amenazas de sanciones desde Estados Unidos y Europa por la pandemia? Lo cierto es que tal medida aumentaría una enormidad el capital político y moral de China, país que ha asumido el papel de líder y principal donante de insumos médicos a nivel global; mientras Washington y occidente compiten entre sí y se niegan apoyos, entrampados en una pueril carrera de lucro cuyo epítome es la subida en las bolsas particularmente las acciones de las farmacéuticas, mientras la economía global se desploma estrepitosamente. (El Economista, 20/03/2020).

Sin duda, el mundo será otro después de la pandemia.

Edgar A. Valenzuela

Edgar A. Valenzuela: Politólogo egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

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