Los derechos humanos de Israel: el ataque suicida supremo

El asesinato de un alto cargo palestino por parte del ejército israelí durante un acto en conmemoración del Día Internacional de los Derechos Humanos el 10 de diciembre de 2014 sorprendió a todo el mundo. Esta nueva demostración de la falta total de respeto por la vida de los palestinos, de los derechos humanos y de la opinión internacional debería marcar una nueva era en nuestros objetivos diplomáticos y nuestras estrategias de resistencia.

Ziyyad Abu Ein, al que un soldado israelí estranguló hasta que se desvaneció y falleció, era el ministro que presidía la Comisión de la Autoridad Palestina para las cuestiones relacionadas con el Muro y las colonias israelíes, además de ser miembro del Consejo Revolucionario de Fatah. Tanto los dirigentes palestinos como el pueblo en la calle reaccionaron conmocionados y con incredulidad. A su funeral asistieron miles de personas, incluidos representantes de todo el espectro político. Gran parte de la comunidad internacional expresó su condena y exigió una investigación independiente del asesinato de Abu Ein.

Los hechos exacerbaron la enormidad de la conmoción y de la indignación ya que no había habido una verdadera confrontación. Las fuerzas de ocupación israelíes atacaron a un grupo de personas que trataban de plantar olivos en Tarmasa’iya, en tierra palestina bajo la amenaza de ser confiscada para ampliar aún más las ilegales colonias palestinas de la zona.

Este asesinato no fue accidental sino que es inherente al ataque total emprendido por Israel desde principios de este año para liquidar definitivamente la causa palestina. La implosión por parte del lado israelí de las “negociaciones de paz” dirigidas por la Casa Blanca preparó el terreno para esta agresión. Los aspectos más espantosos de esta política son la última masacre perpetrada en la Franja de Gaza y la bruta e irresponsable represión de todo lo que sea presencia palestina en Jerusalén.

Se está especulando acerca de que tanto la composición de derecha del gobierno israelí como los cálculos electorales influyen en esta escalada de limpieza étnica y de represión. Puede que influyan en parte pero sus motivaciones estratégicas son mucho más profundas: la única explicación lógica de las últimas decisiones políticas israelíes es que los dirigentes políticos israelíes están convencidos de haber llegado a un punto de no retorno. Saben que se les acaba el tiempo para su proyecto colonial de apartheid y se dan cuenta de que en este momento la contención sólo cuesta un tiempo precioso y en lo esencial no cambiaría la posición global de Israel. La reputación internacional de Israel está casi irreparablemente dañada y las políticas de apoyo por parte de la comunidad internacional se están convirtiendo rápidamente en una pesada responsabilidad para las élites políticas. La mejor muestra de ello es el cada vez más amplio movimiento de boicot, desinversión y sanciones (BDS).

Por ello , Israel arremete literalmente contra todo tipo de advertencia y de crítica. Hace todo lo posible por cambiar lo más rápidamente posible el mapa geopolítico y la demografía de Cisjordania, al tiempo que refuerza el aislamiento de Gaza y sus políticas genocidas en contra de su población palestina. Israel ha desencadenado en Jerusalén una serie interminable de protestas populares y con ese pretexto hace casi imposible la vida de los palestinos en su capital y acelera la “judaización” de la ciudad. A esto se añade el intento de consagrar la naturaleza del apartheid de Israel por medio de una nueva ley que en la práctica supondrá pocos cambios para los ciudadanos palestinos de Israel que padecen la limpieza étnica y la discriminación institucional y legal desde el preciso momento de la fundación del Estado de Israel, pero que acaba con la última cortina de humo que podrían esgrimir los defensores de Israel como “única democracia de Oriente Próximo”.

Israel está convencido de hacer progresar su propio “estatuto final” como un hecho consumado antes de que sea demasiado tarde: está violando extremadamente el derecho internacional y todos y cada uno de los derechos palestinos inalienables, como el derecho al retorno y el derecho de autodeterminación, y mina toda posibilidad de establecer un Estado soberano independiente en las fronteras de 1967. Sin embargo, con toda probabilidad Israel prepara el ataque suicida supremo.

Por consiguiente, el asesinato de Ziyyad Abu Ein debe desencadenar una nueva fase de la planificación política palestina. La política palestina debe pasar de reaccionar ante los crímenes y violaciones de derechos humanos israelíes a una postura proactiva que haga frente al proyecto de ocupación y apartheid israelí. Ante las políticas autodestructivas de Israel, vuelve a ser imperante la pregunta de cuál es de facto una opción de estatus final factible. Ahora que se ha abandonado de una vez por todas el modelo de “negociaciones”, utilizado por Israel durante décadas como tapadera mientras consolidaba sobre el terreno su proyecto colonial, hay que redefinir las estrategias políticas y diplomáticas en los ámbitos palestino, árabe e internacional.

En una reunión de urgencia entre los miembros de comité ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina y dirigentes de Fatah se discutieron acciones en respuesta a la muerte del ministro Abu Ein. Están adoptando los llamamientos que durante años han estado promoviendo la sociedad civil palestina y nuestros movimientos populares en las consignas gritadas durante las protestas en las calles y de las que se han hecho eco organizaciones internacionales de derechos humanos y movimientos sociales de todo el mundo. La primera propuesta es poner fin a la “coordinación de seguridad” [de la Autoridad Palestina] con Israel, en la que se incluye el intercambio de información y la coordinación sobre el despliegue policial y militar. La segunda propuesta es acelerar la adhesión a diferentes tratados internacionales, sobre todo la Corte Penal Internacional. Por último, en la reunión se pidió fortalecer la resistencia popular sobre el terreno y poner un énfasis mayor tanto en la promoción del boicot y la antinormalización locales como del movimiento mundial de boicot, desinversión y sanciones.

La pregunta que se plantea ahora es si estas propuestas se llevarán a la práctica o bien la inevitable presión internacional y el temor a una reacción israelí impedirán una vez más cualquier acción real y eficaz. Más pronto que tarde los dirigentes palestinos tendrán que responder a esta pregunta.

Ante la escalada israelí, la actual estrategia diplomática de los dirigentes palestinos de presionar para que se reconozca el Estado palestino en Europa ya no parece una respuesta adecuada. Con toda probabilidad Estados Unidos vetará el intento de aprobar una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU con el fin establecer un calendario que ponga fin a la ocupación.

Más allá de la ruptura de las relaciones diplomáticas con Israel, la propuesta estrategia política de tres aspectos requería varias acciones simples pero concretas. Se deben crear en cada localidad comités de dirigencia de unidad nacional. Estos comités unidos deben incluir a todos los actores políticos y sociales que trabajan sobre el terreno y deben promover las reivindicaciones del pueblo para fortalecer su determinación en el enfrentamiento a la ocupación. Debería cambiar el enfoque diplomático oficial con el fin de crear el entorno necesario para la ratificación de los tratados internacionales, en particular el Estatuto de Roma. Habría que ganar a los países del Sur global en América Latina, Asia, África, los Estados Árabes e incluso Europa a favor de este esfuerzo dirigido a la implementación del derecho internacional y de los derechos humanos. Esto sería un paso eficaz para deslegitimar aún más en todo el mundo las políticas coloniales e ilegales israelíes y hacer que se le obligue a asumir sus responsabilidades. Por último, los dirigentes palestinos deberían facilitar y promover en todos los ámbitos el movimiento internacional de boicot, desinversión y sanciones (BDS), dirigido con éxito por el Comité Nacional de BDS. La restauración de la unidad nacional palestina sería una consecuencia casi natural teniendo en cuenta que en caso de que existiera un frente unido en contra de la ocupación se vendría abajo cualquier justificación objetiva para la división interna.

El hecho de no actuar ahora tendrá una serie de funestas consecuencias directas, incluida la consolidación de la impunidad y la intensificación de los crímenes contra nuestro pueblo que va unida a esa impunidad . Igualmente la falta de acción profundizará el abismo y la falta de confianza entre el pueblo palestino y sus dirigentes y fuerzas nacionales. Un resultado de ello sería una despolitización arraigada en la frustración que paraliza la acción popular y acentúa la división política. También es posible que el pueblo palestino reaccione con protestas y enfrentamientos generalizados contra la ocupación, sin sus dirigentes y sin una visión estratégica.

Las actuales fuerzas nacionales palestinas deben asumir ahora sus responsabilidades y avanzar en la representación de las reivindicaciones de su pueblo, de lo contrario la siguiente fase producirá inevitablemente sus propias herramientas y dirigentes. Como pueblo bajo ocupación no podemos permitirnos el lujo de la inacción.

Jamal Juma

Fuente: http://www.middleeasteye.net/columns/israels-human-rights-day-ultimate-suicide-attack-719414924

Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos para Rebelión.

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