El próximo 20 de Mayo, el KMT deberá elegir nueva presidencia. Seis candidatos han sido confirmados: la actual presidenta Hung Hsiu-chu, el ex vicepresidente Wu Den-yih, el vicepresidente y ex alcalde de Taipei, Hau Lung-bin, el también ex vicepresidente del partido Steve Chan, la ex diputada Pan Wei-kang y el ex presidente de Taipei Agricultural Products Marketing Corp. Y ex diputado, Han Kuo-yu.

El proceso de validación de los avales de cada uno de los candidatos ha sido fiel reflejo del pantano en que se encuentra dicha formación. Los aspirantes debían presentar un mínimo del 3 por ciento de los miembros elegibles del KMT. Todos pasaron ese umbral con creces pero ¿de qué manera? Un total de 720.000 firmas llegaron a presentarse, con Hung a la cabeza (casi 130.000 cuando bastaría algo más de 13.000) pero solo se validaron el 19 por ciento; en el caso de Hau, el otro candidato quizá con más probabilidades, el porcentaje de validación rondó el 24 por ciento…

La inflación del número de avales y las malas artes desplegadas en su recogida afean la limpieza del proceso y abundan en un relato caracterizado por las denuncias intra-candidatos sobre prácticas de soborno, intrigas de diverso signo con hechos tan sorprendentes como la agregación de hasta 60.000 nuevos miembros al partido en las primeras semanas del año, muchos de ellos falsos militantes y hasta gente del hampa, con filtraciones de escándalo que dañan gravemente su imagen pública.

La campaña interna durará dos semanas y se prevén dos debates televisados. El candidato ganador debe reunir al menos el 50 por ciento de los votos, de lo contrario habrá que acudir a una segunda vuelta entre los dos más votados. El mandato será de cuatro años.

El KMT quiere dominar la protesta y subirse a la cresta de la ola del descontento por la gestión del PDP (con unos niveles de insatisfacción del 60 por ciento según las últimas encuestas a poco de cumplirse el primer año de mandato), tal y como se está viendo con la reforma de las pensiones, pero esto no es suficiente para recuperar crédito electoral.

Cómo unir el partido y qué propuestas para el futuro de Taiwán son los temas clave. Mientras no se ponga fin a la confusión y al caos interno será difícil imaginar avances sustanciales. La mentalidad centrada en el continente y las propuestas de una mayor localización siguen pugnando internamente. Los críticos acusan a la actual presidenta Hung de impedir la reforma del partido o de moderar en exceso su política a través del Estrecho, significada por muchos como una de las más importantes razones que explican la derrota del KMT en los pasados comicios aunque quizá no tanto por el acercamiento en si como por el hecho de que de él se hayan beneficiado sobre todo una minoría de funcionarios y corporaciones. Si Hung quiere acercar más el KMT a Beijing, el desgarro interno puede agravarse.

La decapitación y derrumbe de las estatuas del dictador Chiang Kai-shek, que ha pasado de ser un hecho intermitente a incesante, es reflejo de la crisis de identidad del KMT y de su difícil encaje en una sociedad que ha evolucionado de forma dispar en los últimos años. Su calibre es tal que, al otro lado, el PCCh desconfía más que nunca de su utilidad para frenar el independentismo en la isla. Probablemente, simpatice más con la actual presidenta Hung pero los puntos de vista de esta alejan al KMT de una buena parte de la opinión pública y agrandan el foso interno. Su apuesta por “una China, una interpretación” no es compartida por segmentos importantes del Partido. Su rival más directo, Hau es considerado en Beijing como una especie de “segundo Ma Ying-jeou”, jugando a la ambigüedad pero sin apostar de forma consecuente por la unificación. China no puede aceptar otro escenario que no sea éste.

El año próximo se celebrarán elecciones locales. El KMT afronta el reto como una oportunidad para remontar su crisis, agravada por la doble pérdida de la presidencia de Taiwán y de la mayoría en el Yuan Legislativo (2016). La popularidad de la presidenta Tsai vive horas bajas y el descontento por su gestión sigue creciendo. Aun así, no le será nada fácil al KMT volver a conectar con la opinión pública y su base electoral de otro tiempo. Las divisiones y enfrentamientos internos y la indefinición respecto a las relaciones a través del Estrecho que carecen de consenso sacuden al partido. Además, el KMT tiene por delante un largo vía crucis para responder de los bienes presuntamente obtenidos de forma ilegal o abusiva, parte de la justicia transicional que lidera el PDP y que le obligará a rendir cuentas de ese pasado del que quisiera pasar página.

Xulio Ríos

Xulio Ríos: Director del Observatorio de la Política China.

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