Nadie duda de las intenciones de AMLO pero es necesario insistir en la cuestión de fondo. El capitalismo se basa sobre la explotación de los trabajadores con total desprecio por ellos y por la Naturaleza y en la dominación y la represión y, por lo tanto, se apoya en fuerzas armadas. Es un sistema que desperdicia y despilfarra recursos y vidas humanas.

Para que existan Universidades eficientes no basta pues con eliminar la corrupción: hay cambiar sus programas, su funcionamiento interno que reproduce el estatal, sus enfoques de clase y su objetivo, que no es el desarrollo del pensamiento crítico y de la investigación sino la creación de técnicos para el sistema capitalista.

Eso es posible si se movilizan los estudiantes y los mejores profesores y trabajadores para acabar con las desigualdades, los privilegios, los despilfarros y discutir los contenidos y objetivos de la enseñanza. En mi calidad de ex profesor de la UNAM y la UAM y de otras Universidades mexicanas y de ex miembro a nivel III del Sistema Nacional de Investigadores sé que los grados del SNI, los premios de todo tipo y la meritocracia (contra los cuales siempre me opuse) son tan dañinos como las estructuras jerárquicas de las Universidades y deben ser suprimidos porque fomentan la desigualdad, dividen y corrompen a los profesores y justifican toda clase de corrupción y de abusos mientras forman a los estudiantes en la sumisión.

Por fortuna AMLO es rápido de reflejos y aceptó la crítica corrigiendo su recorte a las Universidad (y dejando, de paso, colgados del aire a los celosos defensores de esa medida dañina). Legitimó así –por si fuera necesario- el derecho a la crítica y el deber de criticar lo que es erróneo para corregir el rumbo.

Como está sometido a la presión del gran capta pero también de sus votantes, espero ahora que escuche el clamor de sus propios parlamentarios que piden la desmilitarización del país y la creación de una Guardia Nacional bien armada y entrenada.

También que entierre el Tren Maya y el proyecto transístmico y, en cambio, desarrolle el sistema ferroviario y el flete marítimo, fomente la substitución de los combustibles fósiles y prepare al país para la desertificación y los inevitables desastres provocados por el cambio climático debido a la depredación capitalista (temas todos que el presupuesto aprobado no contempla suficientemente). Conste que digo “espero”, o sea que no excluyo de entrada la posibilidad de que haga algo de esto, esperanza que no tenía, por supuesto, con el PRIAN.

Guillermo Almeyra

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