Por el fin de la complicidad

“Puede que vengamos de diferentes naves pero ahora estamos todos en el mismo bote.” Martin Luther King

Las fuerzas de la globalización y el consumismo hablan en inglés, nos homogenizan, hacen imparables del mundo uno. He viajado a la cima del mundo buscando ancianos que cuenten historias, dice Pax-Leonard, encontré adultos y niños con un plato de sopa de foca en sus faldas, jugando videos de guerra violentos. Así, torpemente, se encaran modernidad y tradición. El crecimiento es un imperativo abstracto que nos lleva a destruir ecosistemas de los que la vida depende. Arrendamos el mundo: es nuestra obligación entregarlo a quienes nos reemplacen igual o mejor de cómo lo recibimos. Pero crecer y cambiar son mandatos; la conservación, que debería ser transcendental y estar en el centro de cada decisión política. [1]

La globalización, vieja como el capitalismo, promueve en los últimos 40 años una mono-cultura económica y social con efectos devastadores en el sur del mundo y para el medio ambiente. La esperada “aldea global” no emerge, dice Norberg-Hodge. Los tratados de comercio aumentan el poder y la riqueza de corporaciones y bancos mientras destruyen el tejido de la vida alrededor del mundo. No se trata de eliminar el intercambio o la colaboración internacional sino de que sean democráticos y sostenibles. [2]

La homogenización de la cultura es tal que edificios, ropas, comidas, se repiten alrededor del mundo producidas por las mismas corporaciones. Hasta las canciones y el lenguaje se homogenizan –cada tres meses un lenguaje desaparece. Los medios de comunicación (controlados por corporaciones) y la educación (estilo occidental) se esparcen por el mundo transformando seres individuales en consumidores y tradiciones culturales diversas en réplicas del “sueño americano.” El mensaje: lo urbano es sofisticado y lo de afuera es mejor que lo propio. Las naciones, atadas en tratados, aceptan las demandas de corporaciones y bancos o enfrentan costosas batallas legales con tribunales y arbitraciones siempre desfavorables. Es el reino de los monopolios. [2]

El estereotipo que domina en lo personal es un modelo urbano, rubi@ y de ojos azules. En Tailandia y Sur América la propaganda favorece que “corrijamos” nuestro color de ojos con contactos azules, la piel y el pelo con químicos y que operemos los ojos para que sean redondos. Tratar de verse más “occidental” es aceptar que hay algo incorrecto en no serlo. Son actos de capitulación a un orden.

economico y social global que cosifica todo, incluso la belleza. Promover un ideal artificial, inalcanzable para la mayoría, es ayudar a que renieguen de si, se sientan inferiores y fracasen [2].

Tod@s compiten por trabajos cada vez más escasos lo que aumenta las divisiones sociales. Atrapad@s en un sistema desmoralizante incrementa la discriminación, el racismo, la hostilidad contra inmigrantes, las tensiones entre grupos étnicos. Cuando se imponen estereotipos mono-culturales y domina la inseguridad económica, la violencia y el desorden social crecen. En economías tradicionales locales el desempleo no era grave. La educación moderna prepara jóvenes para trabajos que, o no existen o son parte de economías no sustentables. Miles postulan por una posición. Miles son educados para trabajos inexistentes [2]. En el mundo modelo de occidente los jóvenes que estudian sufren la misma suerte y acarrean por años enormes deudas. Los que no estudian, la mayoría, trabaja y es explotada.

Tenemos una fijación por el dinero y su flujo; la financialización es otra forma de hablar en números y poner valor con precios y lenguaje de costos e intercambios económicos a cosas y gentes. Somos monolingües, dice Cahn, sólo hablamos DINERO. Nuestra dependencia de las finanzas ha crecido posterior al colapso financiero del 2008. Esta dependencia le recuerda a Cahn la de Irlanda con el monocultivo de la papa que alimentaba entre un tercio y la mitad de la población en 1845. Toda mono- cultura es vulnerable. En 1846 el monocultivo de la papa, atacado por el hongo Phytophthora Infestans, colapsa. La hambruna que sufrió Irlanda terminó con un tercio de su población. Millones huyeron para salvarse (a Australia, Canadá y Estados Unidos) los más vulnerables, los más golpeados [3].

En EEUU la crisis del 2008 es responsable de que los hogares hispanos perdieran el 66% de su riqueza, los hogares negros el 53% y los blancos el 16%. En la nación más rica del mundo 45% de los niños Afro-americanos, 39% de los niños Hispano-americanos y 51% de todos los niños que asisten a escuelas públicas viven hoy en la pobreza. Esto no ha afectado las finanzas que igual reinan. Como el rey Midas confiamos en el oro; pero, ver sólo una forma de riqueza nos impide entender el valor de todo lo demás [3].

El volumen global de derivativas comercializado antes del 2008 se ha estimado en U$S 740 billones (el PBI mundial entonces era U$S 70 billones), estos instrumentos financieros transados sumaban 10 veces el tamaño de la economía global. Warren Buffet los llamó “armas de destrucción masiva,” porque son invisibles y capaces de un gran daño. Los bancos de Estados Unidos hoy manejan U$S 157 billones en derivativas, 12% más de lo que manejaban antes del 2008 (unos U$S 140 billones) [4].

Este mundo que se hace uno globalizándose obedece sólo las decisiones de los poderosos. Un estudio suizo sobre el control corporativo trató de dar respuesta científica a la pregunta del control estudiando las redes de corporaciones transnacionales y sus relaciones. Aplicaron conceptos de la física al mundo corporativo. Uno de los tres investigadores de este estudio, J. B. Glattfelder, se pregunta si invertimos billones en entender los orígenes del universo como no nos interesa investigar las condiciones que favorecen una sociedad estable, una economía funcional o la paz. Estudiando los nodos (corporaciones transnacionales) y sus relaciones entre sí (porcentajes de propiedad) Glattfelder, Vitali y Battiston, (Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zurich) evidenciaron la red de control global corporativo. [5]

Un grupo reducido de corporaciones, y personas, maneja la mayor parte de la red. Siempre que la distribución de control está en pocas manos crece el riesgo sistémico porque el colapso de una corporación se hace epidemia y afecta la red entera. El estudio que se publicó el 2011 usó información de Orbis (con 37 millones de corporaciones e inversores) incluyendo hasta el 2007. Lehman todavía estaba entre las corporaciones dominantes. Todos sabemos lo que pasó con Lehman y la epidemia de colapsos financieros que provocó primero en EEUU y luego en Europa, un reflejo del riesgo sistémico del que los investigadores hablan.

Riesgo corporativo es riesgo mundial: Los riesgos de las corporaciones lo pagamos tod@s

Aceptar cambios es como inevitable en el mundo natural donde los ciclos de vida se renuevan y transforman continuamente. En el mundo que creamos los cambios no son necesariamente naturales sino guiados por intereses que no siempre representan el bien común. Las estructuras de poder nos empujan a crecer y endeudarnos, esto aumenta sus ganancias aunque sea riesgoso y ecológicamente insostenible. Transformaciones tecnológicas innecesarias se nos imponen como inevitables. No necesitamos una tabla con más aplicaciones ni un móvil que conecte la heladera y encienda el televisor. Pasar del G4 al G5 no es inevitable, la mayoría ni entiende el significado de esta tecnología y sospecha que no es sino un esquema para aumentar ventas, ganancias y control corporativo.

Nuestro mundo insostenible y poco feliz empuja sociedades enteras a imitarlo “modernizándose.” Occidente modelo, a pesar de su endeudamiento personal e institucional inmenso (ciudades, provincias, estados), se presenta envidiable, se ignoran sus contradicciones y problemas. Occidente, un ciego sin visión sustentable de futuro, guía al mundo dejando su huella ecológica inmensa y propagando la ilusión de que otros pueden y deben seguirle. Occidente auto convencido de la “irrealidad” del cambio climático que ya está en su casa, en ondas.

de calor, sequias, incendios, inundaciones. Se derriten en el norte los suelos siempre congelados pero dura poco en las noticias, no favorece los negocios. Occidente convencido de que ha de salvarse, que el cambio climático lo sufrirá el sur y los más pobres, sigue adelante moral y éticamente discapacitado y al borde del colapso.

Hay quienes entienden que el capitalismo requiere reformas fundamentales para “estabilizarse.” Y hay quienes van más lejos y entienden que hay que desmantelarlo. Walden Bello plantea un programa de reformas pero sabe que la constante búsqueda de ganancias es la causa principal de inestabilidad y razón del fracaso de cualquier esfuerzo reformista. No se trata de encontrar solución a las desigualdades sociales que el capitalismo genera, ni de resolver el problema de su continua necesidad de nuevos mercados. Se trata de que el crecimiento capitalista se da a expensas de la biosfera y causa la destrucción del medio ambiente y la nuestra [4].

Hasta al Papa Francisco nos invita a proteger el planeta adoptando desarrollo integral y sustentable en Laudato Sí. Entre los primeros desafíos menciona la polución y el cambio climático –hay otros, el agua, la biodiversidad, el quiebre social, la desigualdad global, los centros de poder. Una cultura egoísta en busca de gratificación inmediata nos lleva a que le entreguemos a la próxima generación un mundo de basura y desolación. Hay que reemplazar el paradigma tecnocrático que maximiza ganancias y acelerado desarrollo consumista por el ecológico. Pero el cambio, un camino de liberación apoyado por la fe, nos dice, requiere conversos. [5]

Tenemos que dejar de ser cómplices

El capitalismo es una construcción nuestra, se sostiene en ideología y poder. Geográficamente localizado y con aspiraciones globales, tiene lazos visibles e invisibles que lo afianzan. Es caótico pero muestra capacidad organizativa: coordina, seduce, hechiza, engaña, castiga, bloquea, ataca, destruye. Si no estás con el estás en su contra. Es ecológicamente insostenible pero actúa como que no lo sabe. Se rodea de cómplices. Basta ver los líderes reunidos en el G20 para entender esto; sólo unos pocos “malos” faltan siempre en las fotos de familia, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Irán, Bolivia, Corea del Norte. Basado en el dinero y el poder crece entre nosotros en control y omnipotencia, narcisista, antisocial y optimista al punto de parecer drogado. Hoy es anglo pero fue griego, romano, francés, español y ha contado con amigos poderosos en el mundo entero. Lo ayudan las relaciones públicas por eso miente todo el tiempo y raramente se lo enrostra nadie. Ese “canalla adorable” de las malas películas de Hollywood, cuenta con una historia terrible de trabajo infantil, tráfico humano, prostitución, esclavitud, hambre, tortura, guerra, explotación en todas sus formas y criminalidad.

Acaso termine con nosotros para extender su reinado mentalmente desequilibrado.

No es broma, enfrentamos el mayor desafío existencial de nuestro tiempo. No regular el sistema capitalista invita otra crisis financiera. Regularlo, transformarlo, requiere controlarlo y terminar con su poder. Poder financiero que hoy lo sostiene y que se ha demostrado extremadamente capaz de evitar cualquier regulación ya el 2008 [4]. La última palabra está en nosotros y ha de ser un asunto de fe y conversión, pero fundamentalmente de lucha.

Nora Fernández

Notas:

[1] Stephen Pax-Leonar, “Death by monoculture” (Muerte por mono-cultura), University of Cambridge, July 23, 2016

[2] Helena Norberg-Hodge, “Globalized Monoculture Is Consuming the Planet” (La mono-cultura globalizada consume el planeta) Interview con C.J. Polychroniou, Truthout, March 31, 2016

[3] Edgar S. Cahn, “The King Midas Monoculture Why We Need Other Kinds of Money,” (La mono-cultura del Rey Midas y porque necesitamos otros tipos de dinero), Tikkun, Duke University Press, Vol 33, Number 3, Summer 2018

[4] Walden Bello, “Global Finance Power and Instability,” (Inestabilidad y poder global financiero), en State of Power 2019.

[5] The Network of Global Corporate Control (La red de control global corporativo) Stefania Vitali, J.B. Glattfelder, Steffano Battiston, October 2011, https://arxiv.org/pdf/1107.5728.pdf

[6] Laudato Sí, Carta Encíclica del Santo Padre Francisco, Sobre el Cuidado De Nuestro Hogar Común, 2015.

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