El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega este sábado a sus primeros 100 días en la Casa Blanca, un periodo que despierta mucha atención mediática porque es visto como augurio de éxito o fracaso para una nueva administración.

Si bien los dignatarios en este país asumen el cargo por lo menos durante cuatro años, desde hace décadas ese centenar de jornadas que marcan el comienzo de un mandato suele ser un punto de referencia para prever cómo será el futuro del Gobierno.

Así ha sido desde que el expresidente Franklin Delano Roosevelt, en 1933, creó la idea de los 100 días iniciales como importantes en el desempeño de un jefe de Estado, después de conseguir que en ese lapso se aprobaran en el Congreso 15 piezas legislativas de peso y 76 en total.

Durante un discurso pronunciado en Pensilvania en octubre último, Trump, entonces candidato republicano, expresó que en las elecciones del 8 de noviembre los estadounidenses votarían por su plan de 100 días para restablecer la prosperidad del país.

Recientemente, sin embargo, pretendió restarle significación a ese periodo, al calificarlo de estándar ridículo y asegurar que, sin importar cuánto haya logrado, los medios de comunicación igualmente lo atacarán.

Tal comentario podría estar relacionado realmente con que la marca del centenar de jornadas no determina el futuro de una administración, pero quizás puede ser visto también como una prueba de que, aunque Trump afirme lo contrario, no le ha ido muy bien en sus primeros meses.

Al menos así lo indica un sondeo difundido el domingo pasado por la cadena ABC, el cual arrojó que un 53 por ciento de los norteamericanos desaprueba su gestión -solo un 42 por ciento lo apoya-, el mayor nivel de rechazo desde que comenzaron las encuestas de este tipo en 1945.

Ese negativo récord es más alarmante si se toma en cuenta que su antecesor, Barack Obama, tenía hace ocho años la aprobación del 69 por ciento de los votantes, frente a solo un 26 por ciento de crítica.

De acuerdo con el estudio, los desafíos del gobernante son considerables, pues la mayoría de los interrogados estima que carece del juicio y del temperamento que se necesitan para servir eficazmente y el 56 por ciento cree que no ha conseguido mucho en sus primeras semanas.

Esto último es también el criterio de medios y analistas, que solo le cuentan como victoria legislativa importante la confirmación de Neil Gorsuch como juez de la Corte Suprema, un proceso que resultó muy difícil y que obligó a los republicanos a cambiar las normas del Senado para poder dar luz verde al nominado del presidente.

Más allá de eso, el estrepitoso fracaso de la propuesta de ley sanitaria con la que Trump pretendía derogar y reemplazar el Obamacare todavía deja ver sus efectos.

Después de que la falta de apoyo de miembros de su propio partido obligara a retirar el proyecto de la Cámara de Representantes, el presidente aseguró que concentraría los esfuerzos en la reforma fiscal, para luego volver a decir que buscaría primero la normativa de salud.

Lo cierto es que, hasta la fecha, ninguna de esas dos grandes promesas de campaña pudieron concretarse, y el camino no parece muy despejado para esperar que alguna de ellas se cumpla en lo inmediato.

De cualquier modo, más allá de hacia dónde se incline la balanza en el inventario de sus aciertos y desaciertos, al Gobierno de Trump deben quedarle aún otras mil 360 jornadas, y esas serán, seguramente, más importantes que las pasadas.

Martha Andrés

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