Trump y los polémicos aranceles: Se abren nuevos frentes

Mientras Estados Unidos continúa hoy sin poner fin a la guerra comercial con China, la administración de Donald Trump abre nuevos frentes en una controvertida política arancelaria que provoca críticas de economistas y empresarios.

Las dos mayores economías del mundo anunciaron en octubre pasado que alcanzaron la fase uno de un acuerdo comercial, pero los términos aún no se han esclarecido ni el mecanismo ha sido firmado formalmente.

De hecho, no hay indicios de que el esperado pacto podrá confirmarse antes de que finalice el año, y parece estar todavía más en peligro luego de que Estados Unidos aprobó una controvertida ley sobre Hong Kong considerada una injerencia por parte de Beijing.

A ello se une que, según el portal digital Axios, aún quedan varios obstáculos importantes para concretar el mecanismo, incluida la definición de la cantidad de aranceles que Trump retirará, qué mecanismos harán cumplir el acuerdo, y cómo China garantizará enormes compras de productos agrícolas estadounidenses.

En medio de perspectivas aparentemente menos alentadoras para ese convenio que las existentes hace pocas semanas, y a pesar de las numerosas voces que alertan sobre los negativos efectos de los gravámenes en la economía estadounidense, Trump anunció ayer la reimposición de tarifas al acero y el aluminio provenientes de Brasil y Argentina.

Brasil y Argentina han registrado una devaluación masiva de sus monedas, lo que no es bueno para nuestros agricultores. Por lo tanto, con efecto inmediato, voy a restaurar los aranceles al acero y al aluminio importado desde estos países, escribió en Twitter antes de partir hacia el Reino Unido.

Su ejecutivo aplicó por primera vez los gravámenes esos metales en marzo de 2018, cuando el mandatario republicano declaró que ‘prácticas agresivas de comercio exterior’ equivalían a un ‘asalto a nuestro país’ y a la industria siderúrgica estadounidense.

El jefe de la Casa Blanca en ese momento eximió temporalmente a México y Canadá del plan de cobrar tarifas de un 25 por ciento sobre el acero y un 10 por ciento sobre el aluminio, y dos meses después hizo lo mismo con otros países, incluidos Brasil y Argentina.

Las dos naciones sudamericanas ahora vuelven a ser blanco de esos impuestos, una medida que, de acuerdo con el diario The Washington Post, tomó por sorpresa a los funcionarios de ambos territorios.

Al analizar este nuevo frente de tarifas, varias fuentes indicaron que Brasil y Argentina se han beneficiado de la guerra comercial de Estados Unidos con China, pues pasaron a satisfacer una demanda agrícola del gigante asiático que antes de la guerra comercial era cubierta por los agricultores estadounidenses.

Por eso, Mónica de Bolle, miembro del Instituto Peterson de Economía Internacional, consideró en Twitter que la amenaza del presidente de reimponer los aranceles a Brasilia y Buenos Aires puede ser una forma de presionarlos para que reduzcan las ventas de productos agrícolas a China.

Cuando medios y expertos todavía no terminaban de analizar el alcance e impacto de este nuevo movimiento, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) propuso anoche aplicar aranceles de hasta el 100 por ciento a bienes franceses valorados en 2,4 mil millones de dólares, entre ellos vinos y quesos.

La medida sería una represalia contra la llamada ley GAFA (acrónimo de Google, Amazon, Facebook y Apple) aprobada por el Parlamento de ese país en julio, la cual consiste en cobrar una tasa de un tres por ciento sobre los ingresos de los gigantes de Internet.

Tal acción podría poner en peligro un esfuerzo liderado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos con el fin de unir a 135 países en torno a un sistema compartido de impuestos para empresas de tecnología y otras corporaciones multinacionales.

Dentro de este panorama cada vez más complejo, Trump mantiene su argumento de que los aranceles funcionan y son positivos para Estados Unidos, a pesar de que expertos y cálculos sobre el tema señalan lo contrario.

Un reporte difundido el mes pasado arrojó que desde inicios de 2018 hasta septiembre último los consumidores y las empresas estadounidenses desembolsaron en total 38 mil millones de dólares adicionales en gravámenes.

Solo en el último mes incluido en el análisis, compañías y consumidores norteamericanos desembolsaron una cifra récord de 7,1 mil millones de dólares por ese concepto, de los cuales 4,1 mil millones correspondieron a las tarifas aplicadas a China.

Martha Andrés Román

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