El fuego en la catedral de Notre Dame: ¿Qué tan trágico?

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El 15 de abril de 2019, un fuego en la ­catedral de Notre Dame se volvió una tragedia para la gente de todo el mundo, en particular para quienes viven en Francia. Era común que todo mundo que la contemplaba la amara. Así que ésta fue una tragedia para tal vez la mitad del mundo, si no es que más. La pregunta que ­permanece es: ¿era imposible que no ocurriera?

La respuesta es, absolutamente no. No hay razón alguna para que Notre Dame no pueda ser restaurada exactamente como estaba, o del modo que pensemos quede mejor. Es sólo cuestión de voluntad política y dinero.

Tenemos la capacidad técnica para hacerlo y la voluntad, y tendremos el dinero.

Tenemos la capacidad técnica porque conocemos dónde estaba colocada cada roca antes de esta tragedia. La catedral se edificó primero en el siglo XII. Fue cons­truida y reconstruida numerosas veces desde entonces. No hay una catedral en verdad original. La que se quemó es una reconstrucción de muchas previas.

Francia estaba dividida políticamente antes de esto. El anhelo personal del presidente Emmanuel Macron era que este proyecto de reconstrucción pudiera reunificar a la población. Lo hizo por un momento. Este momento pasó y Francia está más dividida que nunca.

El fuego fue una tragedia, pero está lejos de ser lo peor que hubiera podido ocurrir. Las autoridades piensan que el fuego fue un accidente y piensan que han salvado partes esenciales de la estructura. Espero que sea así. Realmente no importa. Pueden reconstruirla si así lo quieren.

Sería una gran tragedia que no fuera recuperable. Imaginen lo siguiente: los grandes museos, como el Louvre, el Metropolitan Museum of Art, o cualquier otra institución, están sujetos a fuegos que no pueden repararse.

Un fuego en cualquier otra colección es una pérdida permanente de cualquier cosa que esté adentro. Esto es lo que se supone ocurrió en la gran biblioteca de Alejandría. Todo lo que fue la humanidad antes, y que estaba almacenado en el museo de Alejandría, se perdió para siempre. Si un fuego comenzara en una locación comparable hoy –sea accidental o deliberado– no sería recuperable. Así que pongamos las cosas en perspectiva. El fuego de la catedral nos entristeció profundamente a todos, pero no perdimos muchísimo debido a éste. Tendremos Notre Dame de nuevo. Si en el Louvre ocurriera una catástrofe similar, no seríamos capaces de reponer sus contenidos.

Esto puede no calmar los ánimos actuales, pero las emociones son un fenómeno pasajero. Si Notre Dame se reconstruye, tal vez ni siquiera recordemos cuáles fueron nuestras emociones.

Traducción:

Ramón Vera-Herrera

© Immanuel Wallerstei

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